Metro y graffiti
Señor director:
El enfrentamiento armado que se originó en el Medio Oriente recientemente, despertó a los graffiteros, cuya contumacia agresora ha dejado siempre indefensas a las autoridades, a los propietarios de viviendas y a los comerciantes, que por las mañanas encuentran las paredes de sus propiedades embadurnadas de expresiones de protestas, claro, siempre con las faltas ortográficas de lugar.
De ese conflicto bélico leemos o mal leemos- Israel facista (sic); y del ambiente local: cárcel a los corruptos, pero a los del gobierno porque la oposición se lavó; o la Lubrano a la cárcel, en fin, que a nombre de una institucionalización del oscurantismo y el abuso que les ampara generalmente la nocturnidad, organizaciones de izquierda, y ahora hasta de la sociedad civil, exhiben sus quejas gráficas en los muros de los pasos a nivel y túneles de la ciudad.
En otras latitudes muchas de estas agresiones se protegen en la minoridad de edad del graffitero, alejando las penas y/o castigos por la edad, pero en nuestra nación esta sucia tarea contestataria es obra del abajismo rabioso, que como flecos de aquella izquierda revolucionaria ahora convertida en izquierda bachatera con sus excepciones valiosas-, siguen practicando estas escaramuzas.
Como pensábamos que este rupestrismo estaba superado, dada la amplia democracia que compartimos, con la acogida que dan los medios de comunicación a cualquier protesta por disparatada y díscola que sea, pues nos damos perfecta cuenta que no es así. Sigue esta cultura oficializada en los termocéfalos dominicanos que intentarán pintarrajear los vagones del Metro estimulados por una variante, que ya no es propio del arrojo del revolucionario de ayer que podía recibir hasta la muerte de ser sorprendido con la brocha o el spray en las manos.
Hoy, impedida la Policía de seguir esta pequeña criminalidad comparada con la que tiene que tutelar esta institución que abarca todo el territorio nacional, pues queda impune y genera a la larga un estímulo a que estos transgresores arruinen la belleza del Metro. Y todo por la envidia que le da a la mano que no construye, inhábil, y por demás pecaminosa, que desea provocar la desestructuración del sentido de comunidad modernista que queremos los pobladores de Santo Domingo.
Las autoridades que cuidan y operan el Metro deben estar vigilantes las 24 horas para que estas infracciones no puedan ser acometidas por las vándalos que no dejan huellas, y que demandamos tolerancia cero en vista de que si alcanzan a dañar una vez y no reciben castigo riguroso seguirán con esta modalidad de desorden.
El Metro es un blanco amenazado desde varios frentes: terrorismo y graffiti. Por tanto, hay que reforzar las medidas de control y seguridad, a la manera del Metro de Nueva York que ya resulta todo un paradigma de seguridad y buen manejo.
Sabemos que hay una claque felicitándose de las tensiones que quisieran fueran permanentes mientras persista su abajismo, atizada por una clase política acostumbrada a imponer desde el poder, y con cargo al Presupuesto, su idea de Nación, y que no es más que asaltar el poder para usufructo de las reservas de medianías conformistas.
Hay muchos dominicanos para los que nos resulta un insulto que quienes han ejercido el poder en forma corrupta y arrogante continúen granjeando hostilidades donde no las había y causando daño a los intereses del país por vía de grupos que sirven de caja de resonancia a sus obscuras manifestaciones.
El próximo pasado fin de semana vimos hasta qué punto estos sectores esquivan la asunción estricta de la democracia formal, para añadirle el caos y el tumulto a sus reclamos. Pero resulta, además, que hay sectores de la opinión pública que lo comparten de buena fe, porque abunda más la pereza que las ganas de evitarlo.
Atentamente,
Manuel A. Fermín
