Opinión

Los mediocres

Los mediocres

El sociólogo y médico italiano José Ingenieros presentó a la sociedad, a principio del siglo pasado, lo que sería una obra cumbre para los estudiosos de la conducta humana y la sociedad de la época, se trata de «El hombre mediocre».

En la obra, este sociólogo que aunque vivía en Italia había nacido y recibido su instrucción básica en Argentina, se enfrenta a la rutina, a la hipocresía y a los valores morales típicos de la época, lo que le permitió tener una idea acabada del comportamiento humano.

Para sus análisis, dividió a los hombres, de acuerdo a su conducta, en tres estadios, que eran inferior, mediocre e idealista.

Para él, el hombre inferior no logra adaptarse a la sociedad a raíz de su ineptitud por imitar al resto. Son aquellas personas que no tienen educación suficiente y por lo tanto su personalidad y por ende su conducta no se ve reflejada según la normativa o legalidad de la sociedad.

En torno al hombre mediocre, el autor va más profundo, y trata de que este tipo de hombre es incapaz de usar su imaginación para tener unos valores, unos ideales por los que luchar. Por eso el hombre mediocre está basado en la rutina y los prejuicios.

Ingenieros analiza al hombre idealista que sí que es capaz de tener unos valores, ideales fuertes y luchar por intentar conseguirlos. Son ideales basados en su experiencia, cultura y el paso del tiempo.

Ese era el hombre mediocre del entorno de Ingenieros, hace más de un siglo, pero el de la actualidad, como es lógico ha evolucionado, y ahora es peor, ya que es capaz de transformar el amor de la vida en pusilanimidad, la prudencia en cobardía, y el orgullo en vanidad.

El hombre mediocre que conozco confunde el respeto con el servilismo que lleva a la ostentación, a la avaricia, a la falsedad, a la avidez, a la simulación; detrás de él asoma el antepasado salvaje que conspira en su interior.

Son seres que viven rebajados por la hipocresía, sin ensueño, ocultando sus intenciones, enmascarando sentimientos. Ellos tienen la certidumbre íntima aunque inconfesa, de que sus actos son indignos, vergonzosos, nocivos, arrufianados, irredimibles.

El Nacional

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