Opinión

Los Mineros, El Cacao, La Colonia

Los Mineros, El Cacao, La Colonia

Quien ama  y agradece nunca olvida, y por eso me identifico con el  cantante  Lucho Gatica: “Dicen que la distancia es el olvido, pero yo no concibo esa razón”, verso que interpreto  al recordar mi niñez.

Mi madre  fue nombrada como directora profesora de la escuela rural El Firme, en la sección Los Mineros, jurisdicción de San Cristóbal, donde tuvimos que trasladarnos a vivir siendo yo un niño. No recuerdo la partida, pero mi adorada tía, profesora  Luz Nina viuda Peña, me ha reiterado que yo tenía poco más de cinco años de edad.

Los mineros, es también tierra de mis amores,  nostalgia, alegrías, lágrimas y dicta aproximadamente 42 kilómetro de la ciudad en donde nací. Allí continué mis estudio, trabajé agricultura,  y cuidé gallinas, pollos y cerdos, además de ordeñar dos vacas que mamá tenia, juntos a varios chivos, talar un bosque, quemarlo,  y sembrarlo.

Los Mineros era una zona próspera, con clima agradable y maravillosa  siembra de café, víveres, cítricos, arroz, habichuela, y allí no sufríamos hambre.

Mamá y yo nos trasladábamos en mulos entre San Cristóbal y esa sección, y cuando llovía y había derrumbes, durábamos entre 10 y 15 horas para llegar a la vivienda.

Sólo había dos carros que transitaban desde la ciudad hasta Cambita el Cruce, conducidos por Marianito y Anastasio, y a veces dejamos los mulos y una yegua  llamados “El Barroso y La Maravilla”, en Cambita, en casa de don José Féliz, aunque casi siempre recorríamos este  trayecto en esos  animales que siempre recuerdo. Muchas veces,  dormíamos en Cambita, en la casa de don José y de la ilustre profesora Genoveva Guridis, abuela del prestigioso juez de  San Cristóbal, doctor René Peñaló, y otras, donde mi también inolvidable amigo Cobito Domínguez, padre del ex síndico y gran pitcher Marichal Domínguez.

Cuando había  tempestades o nos tomaba la noche, nos quedábamos en la casa de los prestigiosos profesores Felipe Anglada y Máximo Rodríguez en la Colona Ramfis, y otras veces en Manomatuey, donde el alcalde pedáneo  Benigno de los Santos, padre de nuestra queridísima Miledy. Don Rafael Subero, amigo entrañable, padre del presidente de la Suprema Corte de Justicia, doctor Jorge Subero Isa, de quien mi madre fue  maestra en Los Mineros, nos albergaba en su casa, así Bertico Martínez,  alcalde de Los Cacaos, Ernesto Montás, cuando el río Mahomita crecía desafiante con sus aguas color café, piedras lapidarias resbaladizos al  cruzarlo en mulos, a caballo o a pie.

Los Mineros y La Colonia debían ser elevados a distritos municipales, pues El Cacao es municipio, situaciones que solicité al Congreso Nacional en 1966-70 cuando fui diputado, no logrando ser aprobado en esas fechas.

Los Mineros, La Colonia, El Cacao, hoy sufren carencia de agua, energía eléctrica, becas a estudiantes, préstamos a sus agricultores, alimentos y medicinas para tantos necesitados, un hospital, sedes de oficinas públicas para El Cacao, una oficina de Agricultura en Los Mineros, un aeropuerto en La Colonia, Cambita o El Cacao o un par de helipuertos en esa zona.

El Nacional

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