El horizonte en Haití, que ya tiene bastante con la violencia y la incertidumbre generadas por las pandillas, se ha tornado más sombrío con la lucha de poder entre los miembros del Consejo Presidencial de Transición. En vía de convertirse en habitual en los procesos políticos de América Latina, Estados Unidos ha entrado en la disputa en apoyo a una de las partes.
El subsecretario Christopher Landau advirtió que cualquier intento de modificar la composición del Gobierno haitiano sería considerado por Estados Unidos como un intento de desestabilización, que provocaría consecuencias.
Cinco de los seis miembros del Consejo Presidencial con derecho a voto han exigido la renuncia antes del 7 de febrero del primer ministro Alix Didier Fils-Aimé, a quien acusan de fracasar en su gestión. Con un organismo que está supuesto a disolverse en la primera semana del mes entrante no deja de intrigar la presión para que el primer ministro deje el cargo cuanto antes.
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Además del subsecretario Landau, el canciller estadounidense Marco Rubio expresó su respaldo a Fils-Aimé, de quien dijo que en su gestión se ha combatido a las bandas terroristas y dado pasos para estabilizar el país.
La intervención de Washington puede darse por determinante para evitar las consecuencias que tendría la extraña lucha de poder en Haití. Pero como la nación es tan impredecible y las pandillas no se han replegado lo que pueda pasar en Haití es una incógnita.

