Observo con detenimiento los planteamientos de solución que formula el licenciado Luis Abinader, candidato vicepresidencial del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), a los más diversos problemas que afectan a la sociedad dominicana.
De forma regular aborda los temas locales principales con mucha propiedad y capacidad, manejando estadísticas, experiencia de otros países, antecedentes históricos, en lo regional y en lo universal, exponiendo siempre las causas y las posibles consecuencias en cada caso.
El ingeniero Hipólito Mejía no se equivocó al escoger a Luis Rodolfo como compañero de boleta. Es que tiene todas las condiciones de un estadista y con una favorable imagen pública tanto en el campo profesional como empresarial. Su conducta moral podría ser un aspecto heredado de su progenitor, el doctor José Rafael Abinader.
Se mantiene en el candelero público, debatiendo los asuntos nacionales, sin cometer errores. No ha cometido el primero, lo que revela tener un cerebro bien organizado, al meditar previamente las posibles repercusiones de las posiciones públicas que asume. Los cautos rara vez se equivocan, dijo Confucio.
Y John Collins señala: La mitad de nuestras equivocaciones en la vida nacen de que cuando debemos pensar, sentimos, y cuando debemos sentir, pensamos. Todo indica que este no es el caso de Luis.
No es muy común, en nuestro país, observar a hombres jóvenes manejarse serenamente y con madurez política. Luis Abinader, sin embargo, con apenas 42 años, utiliza un lenguaje de altura, dice sus verdades con firmeza, pero sin agraviar a sus adversarios, separando siempre lo personal de lo político.
Ningún ser humano es perfecto, mucho menos si es político, pero desde mi modesta opinión el licenciado Luis Abinader conjuga muchas cualidades positivas, por lo que exhorto a los dominicanos, indistintamente de banderías políticas, a dar seguimiento a sus declaraciones públicas.
