Opinión

Lula: saber morirse

Lula: saber morirse

No conozco un solo buen dominicano que crea las acusaciones contra Lula. Que un presidente con esa trayectoria se enlode por un apartamento en la playa, en un país como este, donde se habla de millones como de mangos, es un chiste. Solo hay que visitar Casa de Campo para constatar cómo vive nuestra burguesía y la extranjera (venezolana). Son casas tan inmensas que a lo interno hay que moverse en carritos de golf.

Hablar entonces de un apartamento, que además no le pertenece y que nunca visitó, como prueba de su corrupción, sería un chiste de mal gusto, si las implicaciones de lo que pasa en Brasil no fueran tan graves.
A pesar de la serie de Netflix sobre la Operación Lava Jato, la realidad es que todo presidente tiene que pactar con el gran capital de su país si quiere reelegirse o quedarse en el poder.

Ahí están la economía de la nación, los empleos, los índices de crecimiento, el dinero, en fin, el complejo aparato que sostiene la espina dorsal de la res-publica.

¿Por qué aquí no se arresta a los agroindustriales responsable de que 95% de la producción alimentaria de este país esté en manos haitianas? Y, ¿por qué no se arresta a los constructores por sustituir la mano de obra dominicana por la haitiana para sobreexplotarla? Porque es más fácil enfrentar a los condenados de la tierra por las migajas, que enfrentarse al gran capital.

Por ahí circula la foto de un sonriente Macri con Videla, aquel asesino militar dictador de la Argentina, pero nadie le saca los trapos sucios a Macri, porque las clases no se suicidan. Y el problema en Brasil es de clase. Que un limpia botas, devenido en tornero a los quince y luego en sindicalista, se convierta de nuevo en presidente de una de las economías más poderosas de la tierra es muy mal –y peligroso- precedente.

¿Qué me molesta de Lula?
Que no sepa cuándo morirse; cuando ha llegado la hora de trazar una línea y decir: de aquí no pasan. De impedir que quienes amenazan el legado de toda una vida se equivoquen y traten de borrarlo.

Entregarse a un poder tan corrupto como lo es el poder judicial del Brasil; bajo la presidencia de uno de sus corruptos comprobados más evidentes: el traidor Temer, es una incongruencia.

Con Chávez no pudieron porque el tenía el apoyo militar. Con Allende, un digno burgués chileno, que cogió un rifle para defenderse y defender su legado, tampoco.

Es hora de aprender que las clases no se suicidan y armarse con el amor de los pueblos enfrentándose a las bayonetas. Lo demás es pendejada.

El Nacional

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