En las últimas semanas la sociedad dominicana ha despedido a dos personalidades caracterizadas por grandes valores éticos, como son los casos de Rafael Flores Estrella y Freddy Beras Goico. Ambos gozaban de mi admiración y estima.
Aunque Mahatma Gandhi dijo que El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado, los seres humanos nunca concebiremos de normal la ida de un ser querido. Es cuestión de sentimiento. Cuando los ojos ven lo que nunca vieron, el corazón siente lo que nunca sintió.
Es dolorosa la partida sin regreso de personas conocidas, con las que se ha compartido momentos. El dolor es más fuerte cuando se trata de amigos y familiares. Los padres, por ejemplo, se quieren profundamente, pero cuando tienen avanzada edad y padecen enfermedades que les hacen sufrir es sugerible la preparación mental para el desenlace final.
El impacto sería menos nocivo cuando aprendamos a prepararnos psicológicamente, por razón generacional, para la sepultura de nuestros progenitores. En ese sentido, la muerte de un hermano podría provocar mayor tristeza. Y hasta produciría la inquietante pregunta: ¿seré yo el próximo?
El temor a la muerte no desaparecerá jamás. De la única manera que preferimos que nos toque a nosotros es cuando se produce el fatídico acontecimiento de la pérdida de un hijo. Sólo en ese momento coinciden todos en preguntar: ¿por qué no me llevaste a mi Dios mío?
La muerte es un tema que la gente evade analizar y es un error, porque permanentemente estamos presenciando partidas dolorosas y el impacto psicológico, en ocasiones, podría provocar depresiones que llevarían nuevos lutos.

