Con el desarrollo de la comunicación telefónica y su versión escrita del WhatsApp, se ha tornado virtual la relación entre los vecinos y el dueño del colmado, surgiendo una nueva especie, los delivery, que como decía nuestra abuela en su versión verbal van por las calles de Dios “como honda que lleva el Diablo”.
Nos imaginamos que ese cuadro de “llorona” que una vecina debe presentarle al dueño del colmado para que el “fie” el arroz y el aceite hasta el cobro, debe ir ahora en un mensaje de voz por el WhatsApp, como lo ha generalizado para los pleitos con la el marido o para pedir una canción en una de esas emisoras que todavía “complacen peticiones”.
Antes cuando llegaba a un colmado, la vecina lo primero que veía era aquella imagen legendaria en el “seto” de frente al mostrador de esos dos personajes que representaban “El que vendió al contado”, lleno de bienestar; y “El que vendió a crédito”, embargado de preocupaciones con la mano en la cabeza.
Pero por el colmado también desfilan la mayoría de las empresas que producen y comercializan artículos de primera necesidad, las cuales “fían” al bodeguero, pero al por mayor, corriendo menor riesgos a la hora de cobrar.
Antes de llegar a ser electrónicas las ventas de minutos para los celulares, los colmaderos parece que enfrentaban problemas con sus suplidores, dada la rigurosidad en el cobro de la nueva mercancía.
Esta historia cotidiana entre los colmaderos, sus vecinos y las industrias grandes mayoristas que los abastece nos han recordado en estos días los generadores de electricidad, quienes a través de la institución que los agrupa, la ADIE, sostienen que las empresas distribuidoras, EDENORTE, EDEESTE y EDESUR han aumentado sus ganancias en un 158 por ciento.
“Ellas están comprando a 11 el kilovatios-hora, y lo están vendiendo casi 17”, dicen los que abastecer la energía al por mayor, y no al detalle, como el dueño del colmado.
Tanto las industrias del refresco como la cervecería venden los huacales completos y hay que pagárselos completos, pero el colmadero debe vender botella por botella, corriendo el riesgo del vecino en mala.
Algo similar pasa con las Edes, del huacal de refrescos en electricidad que compran a los generadores, según el último informe de la CREE, el 29 por ciento de las botellas se distribuyen pero no se cobran.

