En tanto Estados Unidos insiste en un recuento voto a voto en Venezuela, el presidente electo Nicolás Maduro se atrinchera en el poder. No sólo ha rechazado la petición de Washington, que se ha negado a reconocer su triunfo, sino que la ha calificado de obsceno intervencionismo en los asuntos internos.
Maduro había apoyado la solicitud formulada por el candidato opositor Henrique Capriles y secundada por Estados Unidos y otros países, pero luego optó por dar los resultados electorales como un hecho consumado. Su elección encontró de inmediato la bendición de aliados como Rusia y China, así como de varios gobernantes latinoamericanos, incluyendo al dominicano Danilo Medina. Además de rechazar y censurar la posición de Washington, el presidente electo ha prohibido movilizaciones y responsabilizado al candidato opositor de la ola de violencia que ha seguido a las elecciones del domingo. La deriva, sin embargo, no deja de ser embarazosa.
