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Por diversas razones, he seguido muy de cerca la trayectoria política de Minou Tavárez Mirabal. Soy consciente de que los liderazgos, las ideas, los compromisos y las luchas no se heredan. Pero nadie puede esgrimir, con razón, que ella haya sido indiferente al legado trascendente que le transmitieran sus progenitores, nada más y nada menos que Manolo Tavárez y Minerva Mirabal.
Ese seguimiento que he dado a su perfil, me concede la licencia para afirmar que el miércoles 20 de este mes, ella concurrió a la acción política de mayor connotación de su carrera.
Recopiló, transcribió y contextualizó una parte del intercambio epistolar sostenido entre sus padres, esos dos referentes ineludibles del cambio necesario al que más tarde o más temprano deberá abocarse este país.
Lo que ha hecho Minou es grandioso por sí mismo, en tanto y en cuanto expone la comunicación entre dos personas que, en adición al vínculo de amor profundo que las unía, primaba en ellas el accionar político en procura de liberar esta tierra de una de las más oprobiosas tiranías que recuerde la historia, con los terribles riesgos que eso implicaba.
Para dar mayor dimensión a la actividad, Minou la aderezó con una pieza oratoria que fue capaz de lograr lo que parecía irremediable entre nosotros: Hacernos emocionar y soñar con la posibilidad de un ejercicio de la política que vaya más allá del uso obsceno que se hace de ella como resorte descarado para procurar el ascenso social impedido de alcanzarse por méritos propios y esfuerzo independiente.
Con sus palabras, la diputada lanzó una flecha que impactó de frente en el adormecido imaginario popular, diezmado ante la desesperanza creada por el criterio generalizado de que no vale la pena insertarse en jornadas colectivas de reivindicación social.
Para una dirigente de su categoría y circunstancias, no puede ser ajeno, y ahí radica lo más interesante de lo ocurrido, la carga gigante de compromiso que ella asume al enarbolar un discurso de esa naturaleza. Una noche como la del miércoles, retadora, punzante e intrépida, no puede ser provocada si es para no darle continuidad histórica a lo que en ella quedó desatado de forma irrefrenable.
Analizar los escenarios que se pueden derivar de un acto como el de referencia, y los diversos caminos que se le pueden presentar a la protagonista dentro de su realidad partidaria, será nuestra tarea en la entrega del próximo martes.
Pedro P. Yermenos Forastieri
pyermenos@yermenos-sanchez.com
