La haitiana Iliana Beatomie necesitó excavar cuatro días con sus uñas y dedos para rescatar de entre los escombros a su hijo de seis años Fermín Credi, quien a pesar de los traumas en la cabeza no dejaba de llorar y clamar por ayuda.
Sin embargo, su esposo André Noel Credi no tuvo la misma suerte de Fermín, ya que sólo tuvo fuerza para pedir ayuda durante las primeras 24 horas del terremoto que prácticamente devastó la ciudad de Puerto Príncipe, la amarga tarde del 12 de enero de este año.
Pero con el rescate de su pequeño hijo, apenas comenzaba el viacrucis de esta joven madre de 25 años, que en sólo minutos había quedado huérfana y viuda al mismo tiempo.
Me enteré del hecho a través de un médico dominicano que me abordó en el campamento de Sonapi, en Haití, el galeno me explicó la hazaña de la mujer para rescatar su vástago, así como el precario estado de salud del infante.
Comandante, tengo un niño de seis años con serios traumas en la cabeza y el desprendimiento de un 90% de su oreja izquierda, y no tengo los equipos para la cirugía que amerita el caso. Si usted no se lo lleva se nos muere, explicó el médico a quien no tuve tiempo de preguntar su nombre, que estaba de voluntario en Sonapi, Zona Industrial de Haití.
Este hecho sólo es comparable con el del periodista peruano Luis Carazas, quien pasó 24 horas sepultado por las paredes de lo que fue el canal de televisión en que trabajaba en la capital haitiana, convirtiéndose en el único sobreviviente de su grupo.
No lo pensé dos veces para ordenar que el niño fuera llevado al helicóptero en el que me trasladaría a Jimaní, ya que como Coordinador de las Operaciones en la misión Mano Amiga, designado por el Señor Ministro de las Fuerzas Armadas, quien ha aunado esfuerzos nacionales e internacionales en dar asistencia y apoyo a Haití.
Con el niño en la aeronave se presentó el inconveniente de que no había espacio para la madre, y entonces surgió la interrogante: ¿Cuál es el mérito de salvar físicamente al niño si al mismo tiempo lo alejamos de su madre?
Entonces vino la segunda decisión: llevar a la madre con el niño hasta Jimaní, reabastecer de combustible el helicóptero y ordenar a los pilotos Richard Sierra y Richard Liriano llevarlos al hospital Darío Contreras, para tratamiento urgente.
La filosofía del presidente Leonel Fernández Reyna, al ordenar la Operación Mano Amiga fue una gran determinación de ayuda al pueblo haitiana, su sensibilidad, su solidaridad se ha reflejado en todos los aportes de convertir una labor humanitaria en una vía de recuperación de un país hermano.
Una semana después fuimos informado de que el niño Credi había sido operado con éxito y que se recuperaba satisfactoriamente junto a su madre en un orfanatorio de la zona Oriental, bajo los auspicios del Hogar Misionero Sin Fronteras.
En el período que estuvimos en la zona de desastre pudimos comprobar la ayuda del Plan Social de la Presidencia llevando raciones alimenticias para 1,650,000 personas en Haití y en Jimaní para 300,000 personas, los Comedores Económicos a través de sus (10) cocinas móviles, Haití, Zona Industrial, Sonapi, para 1,850,000 personas, mas (4) cocinas móviles en Jimaní, 325,000 comidas cocidas, para hospitales, albergues, campamentos de damnificados. Corasan, INAPA-CAASD, reparto de agua a granel 1,720,000 galones en Haití, Salud Pública, 15,000 vacunas, Hospitales Móviles, para prevenir enfermedades infectocontagiosas.
Aunque la misión Mano Amiga tuvo un papel preponderante durante las tres semanas siguientes al terremoto, la realidad es que no se puede obviar el papel preponderante de la Defensa Civil, Cruz Roja Dominicana, Indotel, Inapa, Caasd, Migración, Coraasan, Salud Pública, Obras Públicas, y a la Cdeee. Amén del trabajo de el Ejército Nacional, Marina de Guerra, y la Fuerza Aérea Dominicana.
Pudimos comprobar el espíritu solidarios de los dominicanos sin importar su condición social.
(El autor es mayor general piloto de la FAD).

