Con un español machacado y con pasos decididos, bajo el sol de mediodía, estas dos haitianas continúan la odisea que comenzó más temprano. Vender manzanas de oro es el negocio que les da el sustento, no hay hora de almuerzo ni descanso, sólo la meta de vender el producto, que si fuera por su nombre no podrían tocar.
