El país lo están saturando de pancartas y vallas de la Primera Dama, Margarita Cedeño de Fernández promoviéndola como candidata presidencial, nadie sabe por qué partido, aunque los colores se confunden con los del PLD.
Hasta no hace mucho, las vallas decían que estando con ella seguimos con él en franca alusión al presidente Fernández. Las de ahora presentan la imagen, muy retocada por cierto, de Cedeño resaltando los valores de la familia y de la sociedad.
Cedeño tiene un despacho donde maneja cientos de millones de pesos del Presupuesto Nacional que invierte o gasta a discreción. Ese despacho tiene una asignación superior a la de cuatro ministerios, sin contar la colaboración de ministros, empresarios y contratistas de obras del Estado que desinteresadamente colaboran con los proyectos de Mamá, como de manera poco inteligente y nada creativa, le han puesto sus asesores políticos.
Muchos se preguntan si la campaña cuenta con el apoyo de Fernández. Hay quienes lo dudan. Algunos analistas aseguran que cuando el presidente convocó a una reunión en el Palacio a los precandidatos no invitó a su esposa. Dicen que fue una respuesta. Para confirmar esa tesis, llaman la atención sobre los últimos viajes y actividades oficiales del mandatario donde su mujer ha estado ausente.
En reuniones de amigos, hay quienes aseguran que entre el presidente y la Primera Dama hay problemas conyugales porque ella no se siente respaldada.
Para mí, se trata de un globo de ensayo para meterles miedo no sé a quién o a quiénes dentro del PLD. La mujer del presidente Fernández no es más que eso. ¿Cuáles son sus méritos dentro del PLD?
Tratar de imponerla como candidata, generaría una crisis de proporciones incalculables dentro del PLD. ¡Y Leonel, que no es ningún tonto, lo sabe!
Lo penoso es ver cómo el dinero del pueblo se gasta en pendejadas. Estamos pagando con nuestros impuestos esa millonaria campaña. Es una pena que mientras la gente se muere en los hospitales, el Despacho de la Primera Dama o quien sea, esté gastando tanto dinero tratando de vender la imagen de alguien que no tiene más que dinero. Dinero, que por cierto no es suyo, es de todos los ciudadanos de este pobre país, digno de mejor suerte.

