La tregua de 72 horas alcanzada por Israel y Hamás no deja de ser un respiro, aunque con poca esperanza de que el acuerdo sea el punto de partida para iniciar negociaciones francas y abiertas sobre la paz en la región. No puede ser otro margen para reiniciar con más saña una ofensiva militar que desde el ocho de julio ha dejado un siniestro balance de muertes y destrucción en Gaza. Se calcula que unas dos mil personas han muerto, en su mayoría civiles, desde que Israel puso en marcha la Operación Margen Protector.
Escuelas, hospitales, centros de refugios de las Naciones Unidas, viviendas y otras instalaciones han sido destrozados por los bombardeos y los ataques terrestres de los israelíes, quienes en su obstinación de borrar del mapa a Palestina hacen caso omiso de la indignación de la comunidad internacional. Hamás reclama, para deponer las armas, el fin del bloqueo israelí, que ha confinado a los gazetíes a un gueto; la apertura de un puerto marítimo y un aeropuerto y la reconstrucción de la zona devastada.

