Al no abundar en detalles se presta a desalentadoras interpretaciones la declaración del secretario de Economía de que el Gobierno buscará con el Fondo Monetario Internacional (FMI) una reformulación del Presupuesto a fin de identificar financiamientos para cubrir los gastos extraordinarios en que han incurrido frente a la crisis haitiana.
Para despejar conjeturas el ingeniero Temístocles Montás debería explicar en qué consistiría esa reformulación del Presupuesto y Ley de Gastos Públicos para afrontar gastos que se suponía serían reembolsados por los organismos internacionales. Al menos así lo afirmó el secretario de Hacienda, licenciado Vicente Bengoa, al anunciar que el Gobierno destinará 231 millones de pesos para ayudar a la causa haitiana.
Si no es como ha afirmado Bengoa, los funcionarios, sobre todo un área tan vital como la económica, tienen que buscar la forma de ponerse de acuerdo para evitar contradicciones que conturban a la opinión pública.
En modo alguno, sin embargo, se puede pensar que las autoridades contemplan tomar de pretexto lo que se entendía como ayuda humanitaria a la devastada nación haitiana para justificar una nueva reforma fiscal.
Si el Gobierno tiene problema de recursos no tiene más que seguir el ejemplo de los países que se han sometido a estrictos regímenes de austeridad.
Pero tampoco puede ignorar que en la asistencia al pueblo haitiano no hay un empresario, comerciante, empleado y hombre de la calle que, en las medidas de las posibilidades, no haya hecho algún aporte. Es más, se habla de que nunca se había visto tanta muestra de solidaridad de los dominicanos con los vecinos de la parte Oeste de la isla.
No sólo el Gobierno lo ha hecho de recursos que no estaban en el presupuesto, sino toda la población.
Así es que si se ha contemplado una reforma tributaria, una posibilidad que muchos no descartan tras las votaciones de mayo próximo, el Gobierno debe apuntar para otra parte.
Si el FMI quiere flexibilizar el tope del 2.6 por ciento del déficit fiscal para este año esos son otros quinientos. Pero la verdad es que el país no está en condiciones de más impuestos ni de más préstamos internacionales.
Antes que esas traumáticas salidas el Gobierno tiene la opción de austerizar y despolitizar el gasto público.

