Pero hay señales de que las cosas en la economía mundial están a punto de tomar un giro dramático a lo peor, como si ya todo lo ocurrido no fuera malo de por sí, y francamente estoy preocupado por el impacto que tendrá sobre República Dominicana el próximo shock.
Hasta el momento, los mercados internacionales han estado mostrando un optimismo exagerado ante la posibilidad de que lo peor haya pasado, en base a algunos datos menos tétricos de lo esperado. El sistema financiero global tiene problemas graves pero no está perdido, las empresas recortaron menos empleos en comparación a meses anteriores, y la confianza de los consumidores no está tan mala. Esto ha llevado a la mayoría de los índices y mercados bursátiles de Estados Unidos y Europa a subir cerca de un 40% desde su punto más bajo a principios de marzo.
La realidad es que la mayor parte de la banca de EU está presionada por conseguir capital, hasta unos 75 mil millones de dólares según estima la administración de Obama. Los bancos tienen dinero para prestar a buenas tasas, pero las solicitudes de nuevas hipotecas se desplomaron 33%; en abril se perdieron 450 mil empleos en EU, y las compras al por mayor se desplomaron.
Pero la desesperación por tocar el fondo o predecir el inicio de la recuperación económica, ha llevado al mercado global a un frenesí alrededor de poca cosa, que ante noticias que bien podrían indicar que la recesión pierde intensidad, actúa como si la economía estuviera en franca mejoría, cuando obviamente no está ni cerca de ser así.
Tal y como ocurrió en 1929, los gobiernos (en particular el de EEUU) han disparado su gasto para intervenir en la economía pretendiendo reencauzarla; los mercados han respondido exagerando lo logrado ignorando los fundamentos económicos que ha provocado un alza insostenible en el petróleo y otros bienes. Como en 1930, el consumidor no va a reaccionar con similar optimismo porque o no tiene empleo o no tiene suficiente dinero, lo que causará una deflación que producirá un desplome peor que el de hace un año.
En este país, salvo las medidas tomadas por el Banco Central (que ante un desplome como ese, deberán ser revertidas), lo único que se ha hecho es cruzar los dedos y esperar que la crisis no nos golpee tan duro. El consumo está paralizado, la Banca encuentra mayor dificultad para colocar préstamos, y la prima del dólar es presionada debido a una marcada disminución en la oferta de dólares debido a la disminución de las remesas y el turismo. La economía está muy sensible como para soportar un abrupto shock externo.
Los días van pasando en Reforma Constitucional, acuerdos, pataleos con Haití y pendejadas; mientras las medidas para afrontar la crisis son ignoradas. Reduzcan la tasa del ITBIS y el ISR ya, olvídense de la austeridad y apliquen recortes masivos de los gastos del Estado eliminando entes y programas innecesarios, incentiven consumo e inversión, todo con drasticidad y urgencia si es que deseamos que para el 2011 quede país. Pero me gustaría estar equivocado.

