El próximo martes, a una semana de su formal despedida, George W. Bush otorgará la Medalla de la Libertad a tres políticos que han acatado las órdenes del poder hegemónico y siguen las pautas trazadas por los estrategas de la ultraderecha: Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia; Tony Blair, ex primer ministro de Gran Bretaña, y John Howard, ex primer ministro de Australia.
No logra una elegante descripción de los premiados la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino, quien dice que estos tres líderes han sido aliados incondicionales de Estados Unidos, particularmente para combatir el terrorismo.
Tony Blair y John Howard, se convirtieron en gobernantes ilegítimos por su decidido apoyo a la invasión y a la masacre. Gran Bretaña fue la segunda potencia ocupante de Irak y Australia se sumó a la intervención con un contingente de 2 mil soldados.
Blair y Howard repitieron, a sabiendas de que mentían, el desgastado pretexto de que en Irak se desarrollaba un programa de armas de destrucción masiva.
Años después, Howard tuvo el descaro de decir que de cualquier modo hubiese apoyado el proyecto estadounidense. Lacayo confeso, si hace falta decirlo.
En el año 2007, a punto de concluir su gestión, tuvo que hablar de democracia y demás bellezas, luego de que Brendan Nelson, ministro de Defensa, confesara que Australia se involucró en la guerra en busca de petróleo.
Blair y Howard reciben la medalla que en 1991 le fue impuesta a Margaret Thatcher. Por apoyar a la ultraderecha sin reparar en el costo en vidas.
Sobre Álvaro Uribe, hay que decir que recibe una medalla por los miles de civiles que soldados a su servicio matan y luego presentan como guerrilleros. Este crimen tiene un nombre prestado por la informática: falsos positivos, pero ha generado horripilantes relatos que Uribe siempre ha dicho que no son ciertos o que son casos aislados.
Quien pide calificar suavemente los crímenes de los paramilitares, no tiene inconveniente alguno en proteger a oficiales asesinos.
Uribe es premiado por su impulsar la aplicación del modelo de la ultraderecha y convertirse en ente desestabilizador en la Suramérica.
Las fricciones con el Gobierno de Venezuela y la escandalosa incursión militar en marzo del año pasado en Ecuador (cuando militares colombianos asesinaron al comandante guerrillero Raúl Reyes y a más de 20 personas, civiles casi todas, que ocupaban junto a él un campamento), están en su hoja de servicios a Estados Unidos. Por eso Dana Perino habla de su aporte en el combate al terrorismo.
La Medalla de la Libertad, creada en 1945 para premiar a civiles que sirvieron a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, y rehabilitada en 1963 con otra orientación, ha sido otorgada a líderes de prestigio como Nelson Mandela y a gente con imagen de neutralidad como la madre Teresa de Calcuta; pero casi siempre se otorga como premio a quienes apoyan los proyectos fundamentales del poder estadounidense.
En 1988, fue galardonado (por Ronald Reagan) Milton Friedman, por sus aportes teóricos para la expansión del gran capital y el diseño de las políticas neoliberales y su apoyo a las dictaduras militares de América y de otras zonas. En 1989, Bush padre galardona al desacreditado polaco Lech Walessa, rabioso anticomunista.
En 1991, la guerra del Golfo y los golpes al multilateralismo llevaron a Bush padre a premiar al halcón Dick Cheney, al general invasor Norman Schwarzkpof, a la Thatcher, al halcón Vernon Walter, y a Javier Pérez de Cuellar (infeliz secretario de la ONU que dijo lamentar que no le comunicaran el inicio de los bombardeos contra Irak).
En América Latina, se destaca que Bush dice adiós galardonando a Uribe, quien acepta la medalla orgulloso por ser llamado el pequeño Bush, y no se vergüenza de ser una versión caricaturizada de los derechistas israelíes Se recomienda permanecer lejos del salón. Hay fiesta de hienas

