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Memorias

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En 319 páginas, Rafael Molina Morillo describe un jalonar de la transición histórica de la Era de Trujillo, el primer gobierno democrático luego de la tiranía que presidió el escritor Juan Bosch, el golpe de Estado censurable que lo derrocó a los siete meses, la guerra de abril de 1965, la segunda intervención del imperio en nuestro país, el periodismo de plomo por el computarizado, la maquinilla por la computadora y el teléfono prieto pesado por el celular.

Sus pininos en la comunicación con los reportajes provinciales, incluyendo Alto Velo, y su prueba como reportero de El Caribe en el viaje del generalísimo Rafael Leónidas Trujillo a España en 1954, donde cursaba una especialidad de periodismo, y como sobrevivió  airoso esa difícil como peligrosa prueba conducido por la zorrería de Anselmo Paulino y el cazurrismo de Germán Emilio Ornes Coiscou.

Subdirector de El Caribe, fundador de El Nacional, el primer vespertino dominicano que ha sobrevivido a tres más, creador de la primera revista agropecuaria, La Campiña, que el suscrito dirigió y Eva, la primera dedicada a la mujer, creaciones que fallaron todas porque Molina Morillo no produjo empatía con el presidente Joaquín Balaguer, en un país donde todos los  medios de comunicación tienen sus mayores ingresos publicitarios del Estado, y colapsaron, idéntico a Listín Diario en 1492 dirigido por Arturo Pellerano Sardá, un sefardí que no entendió a Trujillo.

Rafael Molina Morillo, de acerada voluntad, firme, estoico ante los reveses y los infortunios del valle de lágrimas que llamamos vida, sufrió la voladura de la imprenta de El Nacional y el asesinato de dos ejecutivos durante el gobierno de transición de Héctor García Cáceres, el crímen de Orlando Martinez Howley, que dirigía la revisa Ahora, y las decepciones en sus incursiones empresariales adjetivas.

Director de Listín Diario del que renunció por dignidad y principios de jararquía, Molina Morillo ha demostrado su vocación de comunicador sui generis, y en el escenario de la Sociedad Interamericana de Prensa, donde por ocho años fue director de la clave sección de Libera de Prensa, ha insistido en el culto a la libre expresión del pensamiento como el acta de nacimiento de todas las libertades conexas.

“Porque el derecho a la crítica, al interrogatorio, al cuestionamiento, es inalienable del ser humano , sea periodista o no sea periodista”.

Es un atributo esencial de la condición humana que se origina desde cuando el hombre empezó a comunicarse por la palabra en vez de gruñidos y señas, y que tiene un soporte histórico el 14 de ju

El Nacional

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