Editorial

Menores en conflicto con la ley

Menores en conflicto con la ley

El  caso de un adolescente de 15 años  acusado de participar en la muerte a balazos de una ejecutiva bancaria durante un intento de  atraco en el sector El Millón, al que sólo se impuso 30 días de  reclusión, trae de nuevo a la palestra la indefensión  del Estado y la justicia  ante la creciente  delincuencia y criminalidad juvenil.

Ese menor está implicado junto a otro individuo en el asesinato de la banquera Kaisha Patricia Requena Grullón, quien   resistió un asalto en el estacionamiento de su residencia.

La jueza Kenia Romero impuso apenas un mes de prisión al mozalbete, como medida de coerción,  al término de cuyo cumplimiento seguramente retornará a su faena delictuosa.

Es menester señalar que el Código para  la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes lleva más de 14 años de vigencia sin que  las autoridades evalúen  el real impacto  sobre   el desarrollo integral de  infantes y adolescentes.

Se supone que esa normativa social y jurídica, derivada de una convención de las Naciones Unidas (ONU) ha debido servir para  consolidar  la protección integral de los derechos  del menor y su mejor inserción en  el núcleo familiar y en el seno de la sociedad.

  Sin embargo, durante los  casi tres lustros de vigencia de ese código, se han incrementado  los casos de marginalidad y explotación de niños, niñas y adolescentes, al punto que  estadísticas moderadas sitúan en más  de 25 mil  los menores de ambos sexos obligados a prostituirse.

  Es alarmante también la cifra de  niños y adolescentes  objetos de explotación laboral y más todavía los desertores escolares o impedidos de ingresar a las aulas.

La delincuencia y criminalidad juvenil crecen vertiginosamente atizadas por el narcotráfico, marginalidad y disfunción familiar. Para colmo, el Código del Menor ha despojado al juez penal de la facultad de determinar  si el menor homicida debe ser juzgado como si fuera adulto.

La sociedad confronta hoy el penoso caso de un adolescente que participó en un asesinato y en menos de lo que canta un gallo retornará a las calles en busca, quizás, de su próxima víctima.

El Nacional

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