Cesó la dicha en el hogar querido
y en el taller de sudoroso afán,
pues repentinamente ha concluido
la inquieta vida de Eddie Abikaram.
No borrará el llanto su recuerdo
ni su diaria y joviel zalamería,
pues fue su obra un himno a la familia
y su vida un concierto a la alegría.
Y antes de marchar hacia la altura
bendijo a esposa e hijos con ternura,
pues ellos fueron para él su pan.
Y al pasar solo horas de su muerte
tus amigos te dicen: ¡Buena suerte!
o, ¡Hasta muy pronto, Eddie Abikaram!
(Ramón Lorenzo Perelló. Worcester, MA).
