La irrupción de centenares de haitianos indocumentados en la iglesia de Dajabón, en reclamo de que las autoridades les permitan ingreso permanente en territorio dominicano, constituye una expresión de desorden que sectores con intereses bien definidos pretenden imponer en la frontera norte con Haití.
Lo que se presenta como un cuadro de calamidad que padecen inmigrantes haitianos varados en la zona fronteriza, es el resultado de acciones ilegales atribuidas a entidades que en la práctica pretenden usurpar atribuciones que la ley confiere de manera exclusiva a la Dirección General de Migración.
Una denominada Asociación de Migrantes de la Línea Noroeste (Asomilin) autorizó la salida de unos mil 700 haitianos indocumentados que pasarían las navidades con sus familiares en Haití, con la promesa de retornar en enero.
Para tales fines, esa asociación distribuyó carnés a esos indocumentados, a quienes las autoridades les permitieron retornar por el mismo punto fronterizo de Dajabón, a pesar de que hasta donde se sepa- la ley no confiere autoridad a esa entidad para otorgar permisos de entrada y salida del territorio nacional.
Resulta que ayer, durante la apertura del mercado binacional, otros 800 haitianos, ingresaron al lado dominicano con la intención de quedarse y, ante la negativa de las autoridades, optaron por ocupar la iglesia de ese municipio fronterizo.
Ese cuadro de calamidad humana, que hoy se difunde en el exterior como demostración de abuso y discriminación contra inmigrantes haitianos, no es más que el resultado de una burda violación de la ley por parte de mercaderes de miseria ajena.
La gran marcha
Después de casi dos semanas de asueto o baja intensidad en la mayoría de las actividades productivas, con excepción del comercio y el transporte, la población inicia hoy, primer día laborable del nuevo año, una larga marcha con sus árganas repletas de anhelos y necesidades.
Inmensos y diversos son los obstáculos que habría que salvar para alcanzar en tiempo hábil la meta deseada, pero nunca mayores que la determinación, valor y arrojo de una ciudadanía que ha demostrado a lo largo de la historia no temer a los malos tiempos.
La marcha que hoy emprenden los dominicanos se asemeja a la distancia de cinco mil kilómetros, recorrida por intrépidos pobladores de China Popular, convertida hoy en una de las naciones de mayor crecimiento y prosperidad económica. Corto o largo el camino, se requiere siempre de un primer paso.

