En septiembre de 1963, la Iglesia católica, con sus sermones anti-boschistas, estimuló el funesto golpe de Estado contra Juan Bosch. Nueva vez la jerarquía de la iglesia yerra al llamar a una movilización frente al Congreso, para impedir que las mujeres pobres accedan a una interrupción del embarazo en condiciones sanitarias adecuadas.
Excomulgaron a Juan Pablo Duarte para apoyar a Santana y con sus marchas y jornadas de “reafirmación cristiana” a todo lo largo y ancho de la geografía nacional, fueron un mecanismo abiertamente conspirativo y provocador de la ruptura del orden constitucional, que truncó el sueño de libertad del pueblo dominicano.
Los obispos O’Reilly, Panal y el sacerdote Marcial Silva, manipularon la acendrada religiosidad del dominicano para oponerse al contenido laicista de la Constitución del 1963 y de esta forma mantener los privilegios económicos, jurídicos, que les otorga el Concordato, que les garantiza la permanencia de un Estado confesional en donde el sistema de educación impone su moral a toda la población estudiantil.
Esta vez, la misma Iglesia, contrario a los intereses de las masas desposeídas, apelan a la Ley Divina que implica el inicio de la vida desde el momento de la concepción, para oponerse a una aspiración nacional, que inclusive es compartida por muchos cristianos. «Aprobar el aborto por tres causales».
Es una lástima que los que nos gobiernan y dicen defender los ideales de Bosch, se nieguen a legislar sobre la separación de la Iglesia y el Estado y a propiciar una verdadera revolución educativa que excluya la religión de las escuelas. La salud pública tampoco debe ser normada por preceptos religiosos, basta con reconocer que solo cinco países en el mundo todavía mantienen el barbarismo de prohibir el aborto por todas sus causas.
Las autoridades eclesiásticas no pueden seguir encerradas en doctrinas milenarias que castigan a las mujeres. Muchas de las lecciones contenidas en la biblia no tienen validez ni aplicación en estos tiempos modernos. A propósito, septiembre es el mes de la biblia; fue el día 26 de septiembre de 1569 cuando Casiodoro de Reina imprimió la traducción de la Biblia Vulgata latina al castellano.
Ojalá que durante este «Tiempo Ordinario», la jerarquía de la Iglesia aproveche para reflexionar sobre el Misterio de Cristo en su plenitud y respaldar un estado laico «Al César lo que es del César» ¿Acaso no es esta la Iglesia que quiere Francisco?

