La batida policial contra la comunidad LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y trans), contra el bar gay de Stonewall, en la ciudad de Nueva York a finales de junio de 1969, significó el inicio del reconocimiento del orgullo gay, que cada año para el 28 de junio, se manifiesta en todo el mundo.
La histórica revolución de Stonewall, fue inmortalizada en 1989 en Manhattan por el escultor George Segal, con una escultura de bronce llamada «La Liberación Gay», ubicada en la Plaza Christopher, en el mismo centro de Village, corazón del mundo gay neoyorquino.
El otro símbolo, la bandera de arcoiris, fue diseñada en 1978 por Gilbert Baker, artista de San Francisco, para complacer a los activistas que buscaban un emblema, y la hizo inspirándose en la Bandera de la Raza, agregándole tres listas más de colores. La bandera fue utilizada ese año por primera vez en la celebración del Día del desfile para la Liberación gay y lésbica en San Francisco.
En la ciudad de Nueva York, para la fecha, cada año se ilumina el Empire State Building, de azul, lavanda y blanco para conmemorar el Día Internacional del Orgullo gay, concepto traducido del inglés, que encierra la esencia del respeto que se le debe a cada ser humano en su dignidad, mostrando a la comunidad LGBT que nadie tiene que avergonzarse de lo que es, cualquiera sea su sexo u orientación sexual.
El primero de junio del año pasado, el presidente de Estados Unidos, declaró junio como el mes del Orgullo Gay, llamando al pueblo de ese país, a dar la espalda a toda forma de discriminación o prejuicio allá donde se produzca y comprometiéndose a promover y alcanzar la plena igualdad ante la ley de las personas LGTB.
En nuestro país, existe una meritoria comunidad Gay, Transexual, Trasvesti y Bisexual (LGTB), apoyada por grupos que defienden los derechos humanos de República Dominicana, que organizaron la Besatón Santo Domingo 2010, un gesto lúdico-político de movilización social que afirma que, las personas sin distinción de ningún tipo, tenemos derecho a expresar públicamente nuestros afectos, en el marco de principios éticos de desarrollo personal y colectivo, potenciando lazos afectivos de solidaridad y bienestar.
Como país enfrentando una crisis de magnitud impredecible que afecta a la ciudadanía con violencias, corrupción e impunidad, debemos romper el esquema de doble moral instalado, homofóbico por demás, aprendiendo a respetar a las personas por su valor en la comunidad, al margen de estereotipos y mitos sostenedores de una cultura, hoy más que nunca, violenta con las diferencias.¡Necesitamos mejorar propósitos y acciones de respeto con las personas, sea cual sea su orientación sexual!

