Un proceso electoral de medio término involucra intereses menores, y analistas políticos, con argumentos muy válidos, están previendo una abstención mayor respecto a eventos anteriores de este mismo carácter.
Y la verdad es que se observa una enorme falta de motivación sobre el certamen. La motivación sólo la exhiben los candidatos, porque, de resultar electos, agotarán un período de seis años, lo que ha dinamizado la competencia y dispara los costos propagandísticos, que, de por sí, son millonarios.
Esos costos podrían reducirse en la medida en que se haga uso efectivo de las modernas tecnologías, las cuales desaprovechan muchos candidatos, al limitarse sólo a las propagandas tradicionales y a la disputa, mediante la entrega de cosas materiales, de una prostituida clientela partidaria.
Esos métodos tradicionales, dada la descomposición moral de la sociedad, siguen siendo los más eficaces, pero pocos aspirantes se han detenido a trabajar el voto de la juventud, de ambos sexos, el cual no está prostituido y podría motivarse ofertándole proyectos sobre políticas que le beneficien.
La mayoría de los electores son jóvenes. Y esos jóvenes, inclusive los que pertenecen a sectores muy pobres, entran a la Internet a realizar sus tareas escolares, chatean y participan en diferentes redes sociales, por lo que resultaría fácil, a través de otros jóvenes con las mismas motivaciones, crearles conciencia e involucrarlos en proyectos políticos.
El éxito de Obama, en Estados Unidos, no sólo radicó en su carisma y discurso persuasivo, sino también en el uso efectivo de las tecnologías modernas que tenemos hoy a nuestro alcance, donde podemos verificar el correo electrónico, inclusive, en el propio móvil. Los métodos políticos ameritan cambios.

