Los pasados años han sido terribles. Siendo justos, en nuestro país se ha vadeado la crisis con relativo equilibrio macroeconómico; pero me ha frustrado, entre otras razones que algunos conocen, que dicho equilibrio se ha ido enlazando por un arreglo financiero cubriendo déficit con endeudamientos casi para todo y, para colmo, acentuándose la pobreza, la violencia, la drogadicción, la inseguridad, la corrupción nunca vista, la justicia en el sueño eterno, escuchando el grito repetido de la prestante dama Licelot Marte, presidenta de la Cámara de Cuentas, impotente, porque a sus docenas de auditorías de anomalías denunciadas no les dan curso. En nuestro amado país, las leyes no se cumplen.
Acabo de enterarme de casos jurídicos que rompen el corazón. La mayor garantía de cualquier país es la Justicia, respetando excepciones, que las hay. Cualquier país con ese cáncer se pudre, y me tortura esta realidad, cuando a mi amigo, el presidente Leonel Fernández, con la concentración de poder que tiene, se le agrieta su porvenir para 2016. También me atormenta que mi amigo Danilo Medina insista en que cuenta, para ganar en primera vuelta, con tres frentes: el suyo, el de su compañera de boleta y el del presidente Fernández. Por Dios, distinguidos amigos, más respeto con su pueblo y los sagrados recursos que pagamos en impuestos, y más cuando los grandes gastos patrocinadas por el PLD en el gobierno en obras no prioritarias nos mantienen hipotecados.
Afortunadamente, dichas crisis han despertado al mundo y nosotros, país pequeño pero grande cuando hemos querido, cambiamos la dictadura de Trujillo y al presidente Balaguer, aunque este último sembró el país de obras sin impuestos y sin préstamos, dejándole el poder al PLD. Yo, siendo canciller, fui uno de los puentes que utilizó Bosch para convencer a Balaguer de apoyar a Leonel. Se lo dije al doctor Fernández en la librería La Trinitaria un Sábado Santo y el doctor Euclides Gutiérrez también se lo pidió a Balaguer. No quería repetir este dato histórico, pero me lo pidieron. Los hombres públicos y los pueblos deben actuar con límites y principios. Hay otros datos que seguiremos aclarando para darlos a conocer a las nuevas generaciones.
Las crisis alimentan la conciencia. Los pueblos han despertado, y ya hemos visto ejemplos buscando el orden, la paz, la justicia, la transparencia, y oportunidades para todos, como proyectan los perredeístas en nuestro país, rodeado de playas y bellas montañas y paisajes, como bendito por Dios. Hoy estamos acorralados, con temor hasta para ir a una iglesia. Hay reclamos justos, pero no para una sola obra en la capital, sino para todos en el país, a todos los niveles.

