Daniel pintaba desde pequeño, diminutos cuadros, mientras decía que iba a ser pintor.
Luego, dejó a un lado la pintura y mientras los demás niños se divertían con sus juguetes, el hacía figuras de masilla, perfectamente talladas.
Es el caso parecido al de Dalia, una pequeña que cuando camina, deja claro que sus pasos son estrechos amigos de una pasarela, ya hasta ha desfilado varias veces y se mantiene firme en su vocación, igual que lo hace Giselle, quien siendo ya una adolescente, ha mantenido firme su deseo de ser modelo profesional.
Muchos niños dicen cuando pequeños que serán médicos, otras pequeñas cantan y pregonan que serán cantantes famosos, mientras que los adolescentes suelen sostener a veces, que su profesión preferida es la de pelotero o ingeniero.
¿Qué actitudes de mi hijo, me dan la pauta para tomarme en serio lo que desea ser en el futuro?
La licenciada Arisleyda Sánchez Guzmán, psicóloga infanto-juvenil, explica que el mayor indicativo es la constancia, la persistencia en seguir atento a la actividad que le gusta. Cuando su hijo habla del tema, pregunta, busca en los medios sobre ello, según sus ídolos a seguir, hacen lo mismo que él/ella quisiera hacer en el futuro. A pesar de las críticas siguen, no buscan llamar la atención, se divierten realizándolo.
La psicóloga que labora en el Centro Vida y Familia Ana Simó, define la vocación como disposición o afinidad que se tiene con una actividad en específico.
Se puede dar el caso de sus inclinaciones sean una etapa: alguna amiguita le ha dicho sobre el tema, sus padres (o algún familiar) mencionan que sería buena para ello.
Cuando es una vocación, los niños tienden a insistir en el transcurso del tiempo, haciendo la actividad con sus propios recursos, sin importar si los padres la aprueban o no. Son persistentes en seguir aprendiendo sobre el tema interesado, dijo.
A la pregunta de si los padres pueden tratar de cambiar la vocación de sus hijos, cuando piensan que por una u otra razón no les conviene, Sánchez Guzmán dice que No sería justo para el niño, porque se estuviera decidiendo por él, posiblemente por prejuicios culturales, sociales o económicos; aquí también entran los paradigmas, la cultura de género (las niñas se dedican a esto y los niños a lo otro), entre otros.
La profesional dice que entiende que ninguna vocación debe de ser coartada, ya que va muy de la mano con las habilidades de cada persona. El papel de los padres en este caso es verlo como una herramienta que saca lo mejor de su hijo, que refuerza las potencialidades y minimiza los defectos. Deben estar satisfechos de que el pequeño disfruta en esta actividad, no hacerse ilusiones sobre el desempeño de su hijo en el futuro. Restringirlos es un ejemplo de cuando no se le deja expresar con libertad los gustos y preferencias y de las lealtades y retribuciones que llegan a pagar los hijos por complacer a sus padres, tomando decisiones que marcarán el resto de su vida.
Complacer
No pocas veces hemos escuchado el caso de personas que estudian una carrera por complacer a sus padres. El resultado es convivir con un oficio que les amarga la vida, porque no los dejaron expresar con libertad sus gustos y preferencias. Son decisiones que los marcan por el resto de sus vidas.
