En los últimos tiempos he tenido que “tirarme” en el cine o el cable, más de una de las sagas de ciencia ficción sobre superhéroes que están de moda en casi todo el mundo.
Eso me ha permitido identificarme con uno de ellos y decidí hacerlo con Superman por poseer éste poderes tan extraordinarios y que contrario a los demás, se disfraza para vivir de manera civilizada entre los humanos.
Nacido en el planeta Krypton, bajo el nombre de Kal-El, sus padres lo enviaron en una cápsula al espacio, cayendo en la Tierra, en la granja de los esposos Kent, quienes lo adoptaron y bautizaron con el nombre de Clark Kent.
En el caso de Batman (Bruce Wayne) es un mortal cualquiera que al igual que Iron Man (Tony Stark) se vale de su fortuna para construir sofisticados equipos con tecnología que lo hacen superior a los de su misma especie.
De la picadura de una araña, el adolescente Peter Parker se convierte en un paladín de la justicia bajo el nombre de Spider Man, por lo que tiene que usar un atuendo que le permite ocultar su verdadera identidad.
Otros de los taquilleros superhéroe es Hulk, quien es el resultado de la agitación interna del científico Bruce Banner, cuyo experimento lo transforma en una gigantesca criatura verde llena de rabia.
Igual metamorfosis ocurre con los demás superhéroes que por limitación de espacio no podemos mencionar, lo que nos lleva a nuestro punto original, donde el único que no necesita disfraz para convertirse en el paladín de la justicia es Superman, quien incluso cambia de vestimenta como un acto de humildad para igualarse a los indefensos humanos.
¿Cuál de todos los políticos del patio será el Superman que sacará, sin máscara, a flote a República Dominicana de una deuda que de externa se convirtió en eterna, a los habitantes de una nación que deben de vivir enrejados como mecanismo de defensa ante el auge de la delincuencia?
Aún no veo en el horizonte al superhéroe que necesita una nación, cuyo mayor mérito en el campo internacional es ocupar el último lugar en aprovechamiento escolar y segundo en materia de corrupción.
Y por favor, no me hablen del Chapulín Colorado, que de ese hemos tenido mucho

