Opinión

MI VOZ ESCRITA

MI VOZ ESCRITA

Confieso sin rubor que nunca me animé a seguir la carrera  de Michael Jackson, acaso porque presentí que su meteórico ascenso al estrellato, después del mecenazgo de la líder del grupo The Supremes, Diana Ross, de la generación musical de los 60, no estaba sustentado en la mística juvenil de la muchachada sana de entonces.

El olor y el sabor a creatividad capitalista con fines alienantes, luego de las experiencias con The Beatlles y The Rollings Stones y otros, me resultaron nauseabundos, a pesar de que aún recuerdo con cierta nostalgia el estreno del sencillo en 45 RPM del tema “I´ ll be there” en 1970 en el programa “Juventud en Microsurco” de Radio Comercial. La voz angelical del benjamín de The Jackson Five,  me enterneció.

Sin embargo, el firme rechazo de Elizabeth Taylor, indudable madre espiritual de su persona y de su arte,  a participar en lo que consideró un circo, me obliga a contarme entre los tantos que piensan como ella. Se trató de un espectáculo de mal gusto, no obstante lo suntuoso, que dejó al desnudo un propósito morboso y un sutil interés sociopolítico y mercurial.

Desde el mismo momento que se informó lo de un supuesto testamento del 2000, donde Michael deja fuera a su padre, Joseph, y consigna dote a su mamá, Catherine, quedó claro el metamensaje: él no fue un fruto de la familia. Michael Jackson es un producto del sistema. Por eso, lo secuestraron y obtuvieron pingües beneficios con su funeral en el Staples Center de Los Angeles, California.

No conozco la ley ni el método a seguir en un proceso de partición de herencia por causa de muerte en los Estados Unidos. Sin embargo, me atrevería a asegurar que la esencia, en el fondo, no varía; quizás, en la forma, habría alguna diferencia, como en cualquier otro país jurídicamente organizado.

Amparado en esa premisa, cuasi inequívoca, se me ocurre suponer que si en el derecho civil de los Estados Unidos se contemplan los postulados del Derecho Romano y del Código napoleónico, en materia sucesoral, no hay por qué  hablar de testamento, real o incierto. Michael Jackson, aunque no biológicos, tiene descendientes en línea directa que, con su muerte, se convirtieron en sus herederos universales; y punto. Cualquier otra eventualidad, sería pura pendejada, sin asidero jurídico alguno.

El Nacional

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