Miguel y su carácter
El ejercicio de la política en nuestro país fue asaltado por una progenie tan rastrera y desconsiderada que, cada uno, es capaz de vender a su madre y ponerla a cargar los cuartos, en aras de sus intereses de clase. Por ahí anda la calidad de los prominentes del entorno oportunista y trepador al que me referí en el artículo anterior.
Esos truchimanes no paran mientes en los riesgos que acarrean sus propósitos, ni les importa el alcance. Aun a sabiendas de que las consecuencias podrían ser catastróficas para el colectivo, que debe y tiene que ser lo fundamental, actúan como si apostaran al fracaso.
Pretender malograr las aspiraciones de Guido Gómez Mazara de ser secretario general del Partido Revolucionario Dominicano, PRD, reabriéndole posibilidades a Orlando Jorge Mera, luego de una frustrante gestión en el cargo, no sólo es una canallada sino una perversidad, si como ha trascendido la idea surge ante diferencias ideológico-sociales de aquél con el incordioso entorno.
Sin embargo, se ha creado la percepción de que el mentor del desatino es Miguel Vargas, para que él cargue con la responsabilidad de lo que se derive de una eventual victoria en la convención de septiembre del hijo de Carmen; no obstante el inconsulto baje de línea y un alegado fraude que se habría montado, como plan alterno en caso de
Pienso que antes de correr riesgos innecesarios, lo conveniente es afianzar el liderazgo de Miguel. No puede haber espacio para las discordias que atizan los que a hacha y machete reclaman un ascendiente merecidamente perdido, pues sus ambiciones llevaron al PRD a la oposición.
No es cierto que la proximidad de Miguel y Orlando en la pasada campaña presidencial, como tenía que ser, pues el candidato estatutariamente pasa a ser el líder máximo durante el proceso, llevara al ingeniero Vargas a creer que con Guido en la Secretaría General, dizque por ser contestatario, él se sentiría menos cómodo.
Miguel Vargas es un hombre que cultiva su carácter. Él sabe que es el rango más importante de la personalidad. Es prudente y considerado, pero jamás pusilánime ni pendejo, sobre todo si la cercanía le permite olfatear la parte que no se ve de la política. Esto, le concita respeto hasta de los más temerarios. No soy de su intimidad. No obstante, les advierto a los señores del entorno y a cualquier potencial coadyuvante que no lo provoquen.

