El viernes 14 hice abstracción de algunos consejos del manual El Arte de la Guerra de Sun Tzu, con el propósito de dejar sentada con claridad meridiana la exasperación con que se manejan los estrategas de Danilo y algunos sicofantes, como el narcisista Francisco Javier García, siempre hambriento de cámara y micrófono.
Dije: La encuesta de una tal Strategic no sé qué cosa, recién salida del horno peledeísta, y las que faltan, incluida la del señor que se escuda en una firma internacional y en una cuestionable fe cristiana para vender al mejor postor el maquillaje milagroso que usa en el trastrueque de los números que arrojan sus sondeos, están condenadas al fracaso, por necesidad.
Lo de la Asisa ya se conoce; y lo del júbilo difundido a través de las desacreditadas bocinas fue un desvergonzado y ridículo espectáculo, que ni siquiera alcanzó la calificación de bufonada. El descarado desparpajo con que se pretende confundir a la franja flotante del electorado, más que molestar indigna.
Se puede ser sofista y eufemístico; y hasta canalla si se quiere. La coherencia con una determinada cultura, permite hasta ensalzar al mentor de la misma, en este caso a Bosch. Pero retorcer la verdad, a sabiendas de que es para amasar una ilusión, es algo tan irracional como imposible y perverso.
Cuando Segismundo, personaje principal de la tragicomedia La vida es Sueño de Pedro Calderón de la Barca es encerrado en la torre de la que nunca debió salir, según el rey Basilio, por su conducta aberrante y despótica, termina su actuación con los versos: ¿Qué es la vida? Un frenesí/ ¿Qué es la vida? Una ilusión/ una sombra, una ficción/ Que el mayor bien es pequeño; / Que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son.
Sin embargo, al autor de El Alcalde de Zalamea, se le olvidó poner en labios de Segismundo en su monólogo final que la pesadilla, también es sueño; sólo que denota angustia grave y continua
