Adiós Freddy, ni me debes ni te debo
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El artículo anterior lo concluí señalando que por la insidia de una tercera persona se produjo la única diferencia que hubo entre Freddy Beras Goico y este otro mortal (que escribe). También dejé sentado que la situación se originó a raíz de la pérdida del PLD en los comicios de 1990 por la arrogancia de Bosch que, no sólo rechazó el apoyo incondicional de Peña Gómez, sino, además, el de Majluta, según pude confirmar.
No obstante el periodista Víctor Grimaldi, entonces encargado del centro de cómputos peledeísta, declarar ganador a Balaguer en esas elecciones, al polifacético artista le cogió con defender a ultranza en uno de sus programas (El Gordo de la Semana) la nada cierta ganancia de causa del partido de la enseña morada; al punto, que poco le faltó para llamar al pueblo a la desobediencia civil, (ante la cruda realidad).
Como la antonimia no acaba de encontrar los conceptos contrarios a la apología ni al panegírico, pues parece que se pretende continuar con el acomodaticio y perverso criterio de que todo muerto es sinónimo de bondad, abrigo la esperanza de que los amigos de la maleficencia, medularmente imprudentes, no tilden estos juicios de anti; es decir, opuestos a contrapelo a las hipócritas expresiones laudatorias sobre el extinto.
Hecha la introspección, no tengo porqué sustraerme de los tantos que pensaron que tan vehemente y temeraria defensa, obedecía al sangrado incontenible de una herida compromisaria que lindaba con sus intereses. Para nadie es secreto que Bosch le ofreció la candidatura vice-presidencial, y que él, inteligentemente, declinó la distinción, consciente de que podría ser una decisión demasiado atrevida.
Atrevida, por cuanto aceptar la propuesta, entrañaba poner en riesgo el pasado, el presente y el futuro del mito que encarnaba; de esa ficción que a base de un histrionismo, digno de mejores causas, había cautivado la psique hasta de prominentes intelectuales que, a pesar de sus altos vuelos, también pecaron de incautos.

