Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Danilo, ¡despierta!
La primera comparecencia pública de Danilo Medina este año, luego de un largo y extraño silencio, por el medio escogido, Z-101, tiene una lectura fácil e inequívoca, aunque la intención fuera esconder el verdadero propósito; el propósito de, al menos, bajar tensiones y renovar el verdor de la esperanza para que siga siendo “lo último que se pierde”.

Tras pretendidas justificaciones con retórica zigzagueante y atropellada, debido a una dislalia repentina, como cuando los nervios se empeñan en denunciar el esfuerzo extra que contiene el discurso, Medina, a título de primicia, dio a conocer que el Comité Político del PLD ha prohibido a sus dirigentes que desde la Presidencia se aspire a un tercer período.

Con la revelación, más que anunciarle a los peledeistas que el Presidente Fernández no podría ser candidato en el 2012, el ex-secretario de la presidencia quiso informar al país que el candidato será él, a los fines de que la infantería y los cooperadores de su proyecto, hoy replegados, vayan pensando en la reintegración tan pronto suene el “gong” de su causa.

La euforia natural en estos casos y quizá un exceso de confianza en la palabra del presidente, han llevado a Medina a “soñar con pajaritos en el aire”. Sin darse cuenta,  evidencia ignorancia sobre los planes de la oligarquía para preservar el Poder a través de su legatario Leonel Fernández. No quiero creerlo; Danilo es inteligente; y tiene experiencia y visión política, más que suficiente.

Sin embargo, parece que mi percepción es correcta; a nadie sorprendería que repetir la candidatura del PLD sea una obsesión del político sureño. Pienso que él no quiere  reconocer que fue candidato en el 2000, porque constitucionalmente el presidente Fernández no podía serlo. Sin esa prohibición, ni Dios se lo impedía; él y la oligarquía se hubieran encargado de domeñar a sus representantes.  

 En la reunión del Comité Político que aprobó, a unanimidad, desconocer la disposición estatutaria del PLD que prohibía a su alta dirigencia ocupar posiciones relevantes en el tren gubernativo, él fue parte del consenso.

¿Por qué y para qué fueron tan solícitos los inscritos en la “honorable” matrícula, a sabiendas de que contrariaban la voluntad del profesor Bosch? La respuesta aún está pendiente.

Supongo que el acuerdo para la prohibición sólo consta en el acta relatora de la sesión en que se aprobó, y que la idea fue de los “presidenciables” que, estratégicamente, hicieron suyo el temor de Medina a ser arrollado de nuevo por el Estado; si es así: ¿Quién va evitar que en otra reunión, la misma gente “consiga” mayoría en contra, y lance el susodicho impedimento a la cesta de lo pretendido.

En estos momentos en el Congreso se conoce el proyecto de Ley de Partidos, y se apresta a instaurar la Asamblea Revisora para la reforma constitucional. Danilo está obligado a obtener que la prohibición anunciada sea consignada en la Constitución o en la ley adjetiva sobre las agrupaciones políticas del país. Si no lo logra, aunque sería lamentable, “que se olvide del tango que Gardel murió…”

El Nacional

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