Honrar, honra es un dicho que escucho, desde temprana edad. Al principio, me pareció bello y alto su mensaje. Por su brevedad, armónica y agradable, y su carácter sentencioso, pero, sobre todo, por mi escaso raciocinio, una vez, casi sin pensarlo, me dije: ¡Qué lindo es reconocer el talento innato o los buenos aportes del ser humano que estudia!
Sin embargo, el tiempo, con su fardo de sabias rectificaciones, enseña que las cosas no son tan simples. Hay que ser prudente cuando de dar categoría de héroes, mártires y prohombres a cierta gente se trata. A veces, si no se pondera bien la hoja de vida, calificativos como farsante, traidor, delator, adulón, paniaguado, chupamedias, trepador y otros piropos, es lo que en verdad merecen.
Esta disquisición se debe, a que en estos días de parafernalia proselitista, no parece ocioso sugerir a las próximas autoridades, que se aboquen a la investigación seria; al experticio desprejuiciado, en el momento de premiar a quienes con sus nombres honrarían los rótulos de calles, bulevares y edificaciones.
A La Romana, me unen lazos de imperecedera alianza y vivencias inolvidables. Es la gran ciudad donde conocí a Mirucha Fernández Villeta, mi primer, grande y verdadero amor; por ella, ya ausente, aún vibran las fibras más recónditas de mi alma enamorada. Allá también compartí con los dilectos hermanos-primos Aurelio y Laureano Guerrero, y con el amigo George Anthony.
Por eso, pienso que no reivindicar los nombres de próceres que, por ignorancia o no sé qué, hoy están en la lista de los humillados y ofendidos del inmenso epiléptico ruso, sería una infamia. Para finales de la década de 1960, de norte a sur, con el referente interseccional de la calle Francisco Richiez Doucudray, eran paralelas hasta la Eugenio Miranda, vía norte del parque Central, en orden descendente, las calles Juan Bautista Morel, Agustín Pérez, Héctor René Gil, Andrés Beras y Fray Juan de Utrera.
Mas, si Andrés Beras y Agustín Pérez donaron los terrenos donde se funda La Romana y Juan Bautista Morel, fue uno de sus precursores, ¿por qué, sus nombres fueron borrados del casco de su mapa urbano? La pregunta espera respuesta, hace ya mucho tiempo

