Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Los juicios de valor sobre las pasadas elecciones que se empeñan en verter los hacedores de opinión,  me parecen extemporáneos. Apenas empiezan a salir a flote las groseras y las sutiles irregularidades del proceso; y los acostumbrados prejuicios y pataleos,  ahora multiplicados con el aderezo de los dos años extras.

También lo son las reacciones de los dirigentes del PRD, que abierta o solapadamente, hoy son contrarios a su presidente. Uno de ellos, díscolo por conveniencia y farsante por convicción, pretende encubrir sus maquinaciones con una estrategia discursiva que lo libre de toda sospecha. Por eso afirma que el ingeniero Miguel Vargas, no es el responsable de la derrota perredeista.

¡Qué manera más repulsiva de esconder sus intenciones! Claro que Miguel Vargas es el responsable. Su sola condición de presidente y líder de la organización, lo tilda como tal, aunque, no necesariamente el culpable, como lo sugiere el señor Hipólito Mejía, con sus declaraciones seudo conmiserativas; llenas del más mortal de los  venenos. Hipólito sabe que él (el mismo Hipólito), sí es uno de los grandes culpables del fracaso perredeista.

Sólo la perversidad, acaso incubada en su médula, sus intereses y los de sus acólitos, o la influencia de algún ser del averno pueden sustentar y azuzar el vil propósito que planifican. Hipólito anunció que el 17 de este mes lanzaba su proyecto presidencial, porque apostó a que con su esfuerzo y el de los suyos, aseguraba un “jaque mate”, al liderazgo de Miguel. Sin embargo, parece que esta vez, también   “se hizo pupú, fuera del cajón”. ¡Qué alegría y que pena!

El Nacional

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