Opinión

Mi voz escrita

Mi voz escrita

Las diversas lecturas a que ha dado lugar el llamado pacto  Leonel-Miguel, aun la de que “ganamos todos”, de los dizque  independientes, en la mayoría de los sectores alineados con Vargas, arrojan un optimismo-triunfalismo que irrespeta la prudencia, si se tiene en cuenta que en política el dinero, el tiempo y las circunstancias son “armas” infalibles, a la hora de ejecutar una patraña con claros y determinados propósitos.

Sorprende y preocupa que destacados personeros, de dentro y fuera del PRD, ahora entusiastas “emvipistas”, estén jugando a quién se duerme y sueña primero con las mieles de un poder  “usurpable”. La historia reciente registra acuerdos violados por alegados honorables que, consumado el hecho, son “legalizados”; y nada pasa.

Cuando Balaguer dijo lo que dijo, sobre el término genérico constitución, no dijo nada nuevo, independientemente de que otros hayan dicho lo mismo con iguales o semejantes palabras. En cualquier nación del mundo la Ley Sustantiva es tal, cuando el conglomerado de un territorio la respeta y la hace respetar, no importa cómo se manifieste. En caso contrario, no es sólo “un simple pedazo de papel”; sino, también, un pedazo de papel mancillado y ofendido.

En el “juego político”, como en cualquier otro, se juega por el interés de ganar. No obstante, unos ganan y otros pierden; no es posible que todos ganen o todos pierdan. Definitivamente. Sin embargo, hasta cuando no se pierde, también se puede perder, si no se aprovecha la oportunidad de ganar. Asunto de lógica elemental. Entonces,… ¿Qué es eso de que ganamos todos?

Se argüiría la relatividad de Einstein; sin embargo, al inmenso físico alemán de ascendencia judía y naturalizado estadounidense, como diría el fraterno Alvarito Arvelo, jamás se le hubiera ocurrido afirmar que en términos de conveniencia política es lo mismo recibir los beneficios de un acuerdo, ahora que después. ¡El que gana es el que cobra! Y si cobra primero, mucho mejor.

Eso, es lo que ha devenido del pacto Leonel -Miguel; único líder que reconoce la mayoría de la alta dirigencia, y casi la totalidad de la dirigencia media y de base del PRD. Leonel Fernández con el pacto de marras, es el gran ganador, pues empezó a “cobrar” desde que nuestro director tituló en primera página la primicia. ¡Cuánto vale tener crédito!

Por efecto, el sólo hecho de que la noticia estuviera calzada con la firma del periodista Radhamés Gómez Pepín, despejó la nebulosa que enrarecía el curso de la reforma constitucional que aún se conoce en el Congreso, en funciones de Asamblea Revisora, y, el país, que estaba a punto de “prenderse” en toda su extensión, en reclamo de promesas incumplidas, recobró la normalidad, y reverdeció la esperanza de que el entendimiento defina nuevos horizontes con perspectivas tangibles.

Mientras tanto, Miguel Vargas, sólo tiene uno de dos originales de un acuerdo con Fernández, que le autoriza a cobrar una acreencia, sin fecha cierta. Chupe usted…

El Nacional

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