En las dos entregas anteriores, denuncié la errada convicción de muchos dominicanos, sobre una sinonimia absurda entre líder y dirigente que lamentablemente aún permanece en nuestra cultura política. Hoy reitero la denuncia, porque percibo como si se la quisiera institucionalizar; y, eso es grave.
La gravedad reside en que ya cualquier salta pa´trá se considera líder; y, peor, se solaza con que así lo llamen. Sin embargo, para desgracia del ego envilecido, no abundan talentos como el del fraterno Efraim Castillo, quien de manera salerosa, y sana por demás, llama líder a los que se creen que lo son y a quienes, a lo mejor, nunca han pensado en eso, acaso por aquello de: You never Know!
Obviamente, es una forma divertida del agudo publicista, y ahora próspero agricultor jarabacoeño, de curarse en salud, no vaya a ser que se equivoque con alguien a quien él le reconoce excelentes condiciones dirigenciales, y se encuentre con que hace tiempo él mismo se puso la casaca de líder, y se cree que lo es por obra y gracia de dos o tres chupamedias y uno que otro lambón encopetado.
No siento animosidad contra Danilo Medina. Siempre me ha sido indiferente. No obstante, puedo decir a su favor que cuando un amigo común nos presentó en su oficina política de la avenida Sarasota, la impresión que tuve fue grata, sobre todo por la sencillez que percibí intrínseca a su personalidad, y digna de apología, según afirman algunos.
Lo que no entiendo es cómo una persona con tantas horas de vuelo en las lides políticas; pasando por una izquierda que ya ni siquiera es manca, se empecine en una empresa a todas luces imposible. Danilo Medina tiene que entender y asumir con conciencia su rol de dirigente y segundón de Leonel Fernández, verdadero líder del PLD, habida cuenta que, alegadamente, hasta ahora, ni tan mal le ha ido

