La muerte del licenciado Miguel Cocco Guerrero, acaecida esta mañana, a los 62 años, acongoja a la sociedad dominicana a la que este ciudadano ejemplar sirvió con tesón, anhelo, devoción, sacrifico y valor en todos los escenarios que le deparó el destino durante una vida puesta al servicio de irreductibles convicciones éticas y políticas.
Cocco Guerrero, quien fungía como director general de Aduanas, murió tras permanecer 14 días en la sala de cuidados intensivos del Centro de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Telemedicina (Cedimat), donde fue ingresado al sufrir una recaída de quebrantos renales y respiratorios que padecía desde hace tiempo.
Durante los aciagos años de la guerra fría, Cocco, sociólogo, profesor y universitario, vinculado con movimientos sociales de la Iglesia Católica, abrazó con fervor las ideas revolucionarias del padre colombiano Camilo Torres, quien abdicó al sacerdocio para enrolarse al movimiento guerrillero del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Esas convicciones revolucionarias tuvieron su mayor énfasis cuando se enroló en los Comandos de la Resistencia (Los Palmeros), cuyos principales dirigentes, encabezados por Amaury Germán Aristy, cayeron abatidos en enfrentamiento desigual con tropas del Ejército y la Policía, en el kilómetro 14 de la autopista Las Américas, en 1972.
Días antes de morir en combate, Germán Aristy seleccionó a Miguel Cocco (Comandante Guillermo) como su sucesor en la dirección del grupo Los Palmeros que serviría de avanzada a la expedición que desde Cuba preparaba el coronel Francisco Alberto Caamaño.
Sin abdicar jamás a su ideal de luchar por una patria libre de injusticias, Cocco se desvinculó de los movimientos radicales para canalizar sus inquietudes políticas junto al profesor Juan Bosch que había fundado al Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Patriota, humanista, hombre culto, propulsor del libro y de las artes plásticas, Miguel Cocco supo dibujar una vida pública y privada digna y ejemplar que puede definirse como referente de un sacerdocio de amor a su pueblo, devoción por la justicia, de apego irrestricto a la honradez personal y a la lealtad política.
Sus nueve años como director de Aduanas fueron ejemplo de una gestión pública pulcra, eficiente y responsable, que mantuvo a raya a la corrupción y modernizó los sistemas de recepción y salida de mercancías y cobro del arancel.
Con la muerte de Miguel Salvador Cocco Guerrero, la República pierde a un patriota, revolucionario, visionario político, funcionario incorruptible, leal compañero y piedra angular de una familia ejemplar, a cuyo inmenso dolor por tan irreparable partida, se une hoy El Nacional de todo corazón.

