Opinión

Miguel y los conservadores

Miguel y los conservadores

Desde su fundación, el PRD ha sido un variopinto de fuerzas con vocación para el control partidario. Desde 1939, la norma que define las líneas de acción están claramente definidas: un partido del espectro liberal.

 Los ritmos ideológicos  en el mundo han permitido al PRD transitar del concepto revolución democrática hasta el ingreso a la Internacional Socialista y definirnos localmente alrededor de liderazgos como el de Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez. Eso sí, las figuras emblemáticas del partido desarrollaron esfuerzos reales por reivindicar el sentido del compromiso social.

 La ausencia de ideología y la fascinación por el pragmatismo abrieron las compuertas para que el PRD se constituyera en un aparato  aritmético donde sumar votos colocó en el último peldaño de la escalera social  el sentido de la militancia. 

 Cuando Secundino Gil Morales, Manolo Fernández y Brea Peña garantizaban niveles de aceptación en sectores sociales distantes del PRD, el sentido de su militancia era fundamental, pero nunca determinó la orientación, comportamiento y definición ideológica del partido.

 Lo que acontece en el PRD hoy, debe ser definido con claridad. En el intento de orquestar un partido que pretende ajustarse a los esquemas de un aspirante con escasas coincidencias en la base social histórica del partido. De innegable militancia, Miguel Vargas, representa el punto final hacia la articulación de una relación partido-sectores sociales que caracteriza el triunfo electoral.

 En las victorias del partido blanco siempre se establecen puentes de entendimiento con franjas de la sociedad de esencia democrática y liberal. El problema es que Vargas reafirma su naturaleza conservadora en la medida que exhibe un equipo de reciente ingreso, con vocación por dominar, distante de la carga ideológica del partido y en muchos casos promotora de terribles acusaciones  contra el líder histórico del PRD.

 Lo que define la convención del PRD es un candidato presidencial capaz de preservar el sentido de identidad del partido. Y es que, si la franja conservadora  asalta la organización de mayor tradición democrática del país, estaríamos cerrando el ciclo de los elementos diferenciadores para que la fuerza del dinero derrote los símbolos y tanta historia  en defensa de una patria digna de mejor suerte.

El Nacional

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