POR: Danilo Cruz Pichardo
d_cruzpi@hotmail.com
En mis últimas dos entregas me he referido al Art. 39 de la Constitución de la República que trata sobre el “Derecho a la igualdad”. En ambas oportunidades para quejarme del privilegiado trato ofrecido a los chóferes del transporte público por las autoridades de Amet, a pesar de ser los principales violadores de las leyes de tránsito.
La propia ley de tránsito terrestre, contrariando la Constitución, les exonera del uso del cinturón. Y tenga usted la plena seguridad, amigo lector, de que ningún chofer del concho ni mucho menos de las denominadas guaguas voladoras sería molestado por la falta de la revista.
Y los miembros de Amet, encargados supuestos de organizar el tránsito vehicular, no disimulan el terror que sienten por estos señores que, bajo el pretexto de que son padres de familia, se creen propietarios de calles y avenidas, con la anarquía y la violencia verbal y física exhibidas.
La discriminación y el privilegio son irritantes. Y otra conducta que irrita es cuando alguna autoridad, sea de amet, de la policía o de la guardia, manda a detener nuestro vehículo y al aproximarse formula la siguiente pregunta: “¿Militar?” Los militares son dignos de admiración por el eficiente manejo de su presupuesto familiar. Muchos viven muy bien ganando muy poco. ¿Cómo lo hacen?
Pero se trata de que no haya violadores preferidos y que nuestras autoridades sean las primeras en respetar el Art. 39 de la Constitución en torno al derecho a la igualdad. Que ningún ciudadano sea discriminado por su género, color, edad, discapacidad, nacionalidad, vínculos familiares, lengua, religión, opinión política o filosófica, condición social y personal.
Molesta observar a los guagûeros convertir a nuestras calles en un infierno ante la mirada indiferente de los agentes de Amet, los que optan por los mangos bajitos, deteniendo a conductores decentes, sobre todo si son damas. También molesta la pregunta: ¿militar?, como si estos ciudadanos estuvieran liberados de delitos.

