POR Danilo Cruz Pichardo
d_cruzpi@yahoo.es
Exceptuando a Francisco Alberto Caamaño Deñó, los militares dominicanos que han incursionado en la actividad política en las últimas décadas no han tenido éxito.
Se pueden contar por decenas los antiguos oficiales militares que se han postulado a la Presidencia de la República y otros puestos electivos como senador, diputado y síndico, sin que ninguno haya resultado electo, lo que podría ser motivo de estudio de parte de sociólogos y politólogos para establecer las causas.
Recuerdo, sí, que el ex general Rafael Adriano Valdez Hilario fue diputado, representando al Partido Nacional de Veteranos y Civiles, pero a través de una alianza con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). En ese momento, los candidatos eran numerados y se les inscribía en lista, porque todavía no había entrado en vigencia el voto preferencial.
El común denominador de los antiguos militares que se han postulado a cargos electivos ha sido su carácter conservador, formados en un ambiente donde sólo dan y reciben órdenes, sin hábitos de disentimiento y con notoria falta de experiencia en el ejercicio democrático del libre juego de las ideas.
El carácter totalitarista de Trujillo durante 31 años y el terror militar imperante durante los doce años de Balaguer, parecen haber dejado traumas sicológicos en la sociedad dominicana, la cual ha desaprobado en las urnas a muchos hombres que vistieron uniforme, pero que no guardan relación con esos episodios.
Posiblemente el prejuicio esté contra militares de derecha (que suelen tener los juegos pesados) y no en contra de militares progresistas, los que no abundan, porque a lo más que llegan es a inscribirse en el partido blanco, a pesar de que el nuevo PRD está hoy colocado a la derecha de Leonel Fernández, tanto en el plano local como internacional.

