Opinión

Misión aún no cumplida

Misión aún no cumplida

A raíz de la captura de Figueroa Agosto desde las autoridades del orden se proclamó “misión cumplida”. Como francamente el caso Figueroa Agosto me importa poco, y mientras él está en Puerto Rico yo sigo viviendo en Santo Domingo; desde un cómodo sillón del cual eventualmente deberé levantarme para salir nuevamente a nuestras calles, les digo que aún estamos muy lejos de una misión cumplida.

 La estructura policial y militar que permitió que don Agosto y doña Sobeida se escaparan sigue  intacta. Es la misma que opera mediante “fuerzas ocultas” para matar civiles que atentos a ellos “desobedecieron” una orden de pararse. La misma que por su corrupción parece sumarse como una carga impositiva más para la población que va matando.

 Y no es asunto de quien sea el jefe de la Policía en el momento, porque ellos no crearon el sistema, ellos llegan con la misión de manejar ese dinosaurio como puedan para, en la medida de lo posible, mantener la criminalidad y la imagen del gobierno a raya. Es muy poco lo que pueden hacer los jefes para cambiar una entidad que tiene el desastre por su tradición.

 La República Dominicana está llena de cobardes con un arma, y en la Policía y nuestras Fuerzas Armadas parecen concentrarse altas cantidades de ellos. Por eso desde principios de la década del 2000, cuando se pusieron de moda las “operaciones centellas” que eventualmente degeneraron en las mal llamadas “redadas” de hoy en día, siempre he dicho que la detención arbitraria de ciudadanos por parte de cobardes con un arma es una idea terrible.

 ¿Quién es que debe morir en las manos de la policía para que se produzca el cambio? ¿El hijo de algún alto funcionario? El hijo de algún alto oficial? ¿El hijo de algún poderoso empresario?

 Qué es lo que debe ocurrir para alertar a las autoridades de que la forma de imponer el orden debe cambiar ya? ¿Que se revele la población civil? ¿Que los civiles comiencen a linchar a policías como ya hacen con los delincuentes ordinarios?

 Personalmente no creo que sea necesario nada de eso, y entiendo que hay suficiente capacidad en las autoridades como para promover el cambio radical que nuestras instituciones del orden necesitan y se conviertan en promotoras del orden y no sigan siendo una banda organizada más de delincuentes.

El otro día mientras retornaba a mi hogar transitando la Avenida. Los Próceres (una avenida donde el tráfico fluye a alta velocidad), tanto yo como los vehículos que me rodeaban tuvimos que frenar de golpe y maniobrar para no atropellar a un grupo de policías y militares que estaban parados en el mismo medio de la calle dando órdenes de pare. En lo que mi mente se repuso del acto de no atropellarlos, fue que recapacité y me pregunté si me habían dado una orden de detenerme que evidentemente desobedecí en el medio del apuro por no chocarlos.

Una hora después me encuentro sentado en mi casa pensando asustado que probablemente el muerto en esta ocasión pude haber sido yo.

La misión estará cumplida cuando yo salga a la calle y no sienta temor al ver un policía, y les doy la seguridad de que falta muchísimo para eso.

El Nacional

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