Opinión

Mitos

Mitos

Todos los mitos son falsos. Unos, vacíos e inútiles. Otros, consistentes y aprovechables. Todos, empero, tienen fines ulteriores. Despertar esperanzas o meter miedo, esencialmente. En tanto fantasías, inspiran leyendas.

Creer o no en ellos es igual. Son imponderables. Tal vez, indispensables.

Lo que importa es que nuestra actitud o las decisiones tomadas en la vida reflejen esperanzas, nunca temor.

Es la diferencia entre triunfar o fracasar.
Son apenas puntos de partida.

Entonces, de algo sirven.

Son referenciales o inspiradores. Acaso, ambas cosas a la vez.
Lo que vale es la actitud.

Los positivos triunfan. Tienen la confianza y la fe como norte. Mejor aún, la certeza.
Se dedican, se entregan.

Aman lo que hacen.

Vemos, así, las derivaciones de fábulas inciertas a fabulosas realidades.

Las que se nos antoja experimentar cada día cuando nos dan las ganas de triunfar, y sabemos cómo.
Nada puede ser más objetivo, tozudo y libre.

Y reclamar libertad es sólo prerrogativa de quien es libre, postula Pessoa.
Dura y terca es la verdad.

Determinante y sublime, como la poesía.

La misma que “vive en las calles”, a decir de Lorcas.

La que se mete en nuestras casas, sin pedir permiso.

Se queda con nosotros hasta que nos equivocamos y negamos el origen de esta grande e irrepetible historia.

Como suele ocurrir.

El Nacional

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