Son molinos de viento los que el presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) parece confundir con monstruos que se ocultarían detrás de la venta a Venezuela de una porción accionaria de la Refinería Dominicana de Petróleo.
El ingeniero Lisandro Macarrulla cree que esa venta expondría a República Dominicana al riesgo de una interrupción en el suministro de combustible, temor que puede disiparse con sólo señalar que Caracas es el tercer suplidor de petróleo de Estados Unidos, sin producirse nunca desabastecimiento.
Macarrulla objeta la alianza con Venezuela en la Refinería, bajo el otro alegato de que el presidente Hugo Chávez adversa la libre empresa, por lo que es menester remitirlo de nuevo al escenario de Estados Unidos, paladín de la iniciativa privada.
Resulta que el gobierno de Chávez es propietario de la multinacional Sitgo, el tercer distribuidor en la Unión Americana de productos derivados del petróleo, lo que demuestra que el capital exhibe el mismo rostro en cualquier lugar. Constituye una exageración advertir que la venta de la porción accionaria de la Refinería a Venezuela alejaría a los inversionistas del país, porque ese temor no prevalece en Jaimaica, Cuba, Brasil, Dominica, Haití ni Colombia, donde esa nación participa en proyectos relacionados con explotación, refinación o distribución de petróleo y derivados.
Puede decirse, pues, que con sus estrambóticas declaraciones, el presidente del Conep ha desgarrado vestiduras y confundido a molinos de viento con monstruos inexistentes.
Abel González
La muerte del doctor Abel González, acaecida ayer a los 94 años, acongoja a la sociedad dominicana a la que este brillante profesional sirvió con ahínco y decoro. Forjador de una familia de cuatro generaciones dedicadas a la medicina, y fundador de la clínica que lleva su nombre, el doctor Abel González será recordado por siempre por su generosidad y su apego irrestricto a la ética profesional. Paz a sus restos y consuelo a su familia.

