Quienes conocemos al Melanio Paredes educador y tuvimos la oportunidad de coincidir en el mismo proyecto adepeísta en 1995, sabemos que era un hombre de acción, pero, al parecer, desde el poder, la llama de la antorcha por una educación participativa y democrática se apaga lentamente.
Le hemos visto justificarse ante cada problemática del sector educación, e incluso con reiteradas pifias en lo relativo a las intoxicaciones con el desayuno escolar.
¡Guerra de competidores! Es la respuesta inmediata cuando decenas de niños pobres corren riesgos de muerte en hospitales a causa de la mala calidad del desayuno escolar o por negligencia en la cadena de distribución.
¡Mil x mil! Horas de docencia en cada año escolar, para justificar ante organismos internacionales los préstamos para ese sector, mientras a los profesores se les pide la paciencia de Job y valor espartano.
El problema de Educación no es dinero, se le oyó decir a pocos días de asumir el cargo, a fin de justificar la poca inversión que realiza el Estado. Apenas el 1,8% del Producto Interno Bruto, la más baja, después de Haití y Bolivia, en América Latina. Se pronostica que llegaremos al 2011 entre los últimos cinco países de un grupo de 200 donde más de un organismo internacional analizó el comportamiento de las políticas educativas.
Mientras el ministro tenga que distraerse en el otorgamiento de contratas grado a grado para infraestructura, o vigilar que no saboteen el desayuno escolar, dudo que tenga tiempo para ocuparse de hacer las transformaciones que requiere el sistema educativo.
Los técnicos del PNUD, un grupo reputado al que Melanio perteneció, enfocaron una parte del problema en las deficiencias en la cobertura y la falta de espacios físicos adecuados en la mayoría de las escuelas, con un modelo dual segregado por el poder y la riqueza y que apunta a una baja calidad.
Todos coincidimos, incluso Melanio, aunque no se atreva de decirlo, en que el sistema educativo de República Dominicana es uno de las de peores resultados de América Latina.

