Editorial

Mucho hablar

Mucho hablar

El secretario de las Fuerzas Armadas ha aclarado que el retiro de generales dispuesto por el presidente Leonel Fernández es rutinario y que no forma parte de la profilaxis que se ha anunciado en los institutos armados. Procedía la aclaración del teniente general Pedro Rafael Peña Antonio tanto para evitar suspicacias como para limpiar el buen nombre de algunos de los afectados con la medida.

En medio de una campaña aviesa contra los militares y después del jefe del Estado proclamar que no le temblará el pulso para limpiar y aplicar todo el peso de la ley contra las lacras que empañan el honor de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, es obvio que la decisión tenía que prestarse a conjeturas. Aunque haya personas con un bien ganado respeto por su hoja de servicio.

La aclaración que ha tenido que hacer Peña Antonio es una lección para ser aprendida. De un tiempo a esta parte los militares, que se caracterizaban por su bien administrado silencio, se han puesto que hablan hasta por los codos, sin medir muchas veces las consecuencias. En un inusual afán de protagonismo se han olvidado de un refrán que ahora les viene como anillo al dedo: “el que mucho habla, mucho yerra”.

Abundan al granel las afirmaciones comprometedoras sobre la profilaxis que entonaban diferentes sectores como parte de un plan contra los institutos armados y la Policía Nacional. Sin proponérselo oficiales, y hasta los altos mandos de los cuerpos castrenses y de la Policía, han hecho el juego a gente que magnifica en forma deliberada cualquier desliz de un militar e ignora los escándalos que suelen brotar de otras esferas de la administración pública. Porque el problema son los guardias y policías.

Todos estos días los militares han estado en el ojo de una tormenta atizada por moralistas de hojalata a raíz de la preocupante implicación, esa es la verdad, de oficiales y agentes de menor rango en atracos, tráfico de drogas, crímenes y delincuencia callejera.

Declaraciones como las del nuevo jefe de la Marina de que en ese cuerpo se “acabó la corrupción, el contubernio y el relajo” y que Najayo espera al agente que cometa fechorías no sólo sintonizan con la perniciosa campaña contra los institutos armados, sino que dejan ronchas gratuitas.

Oficiales puestos en retiro después de cumplir su misión tienen ahora su conciencia más tranquila después de la necesaria aclaración del secretario de las Fuerzas Armadas. Pero los mandos armados no sólo deben abrir bien el ojo y verse en el espejo de los afectados, sino también aprender que hablar mucho hace daño.

 

El Nacional

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