La pandemia por coronavirus iniciada en diciembre pasado en la ciudad de Wuhan, China, y establecida en Europa, está en los países de la región y por supuesto, en nuestro país que también va estableciendo medidas restrictivas.
No se trata de hablar en este momento, de posibles causa ni razones a profundidad de esta alerta mundial del COVI-19, al parecer, un virus corona nuevo, con gran similitud genética con el corona del SARS que, en 2002 y 2003, causó la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Grave, SARS.
Trasciende que, en Italia y en España, la gran demanda de atención en los hospitales ha producido un atascamiento penoso con impacto en la atención que reciben las personas que acuden a los servicios sanitarios.
El personal de servicio en estos espacios, dicen, está agotado y, con los recursos disminuidos, se ven en la necesidad hasta de elegir a quien atienden o no, de acuerdo a expectativas de riesgo de morir, es decir, entre una persona joven y una adulta mayor, prefieren atender a la joven, por su mejor pronóstico. Una atención selectiva que condena a las personas ancianas a morir, una realidad que debe alertar acerca de los sistemas de salud de cada país.
Parece que la experiencia China de aislar y poner distancia entre las personas, ha dado resultado con el cierre de la ciudad de Wuhan y la prohibición de salir para sus habitantes. Una experiencia que comparten con cifras para que, el resto del mundo fundamente sus medidas de prevención.
En China, la tasa por el COVI-19 de mortalidad en las mujeres es de un 1,7% mientras que en los hombres asciende a un 2,8%, demostrando una vez más que, como dice antropóloga Laura Otero, de la Universidad Autónoma de Madrid, el género es un determinante social de la salud, y en el caso del COVI-19, no podría ser diferente.
Se le atribuye la diferencia, por un lado, al estrógeno, hormona capaz de estimular aspectos de la inmunidad que son importantes para eliminar una infección viral, pero hay más cosas que se analizan y que podrían determinar más riesgos para las mujeres ya que, realizan más de las tres cuartas partes del trabajo de cuidados no remunerado y son las dos terceras partes de la mano de obra de este trabajo cuando es remunerado.
Por lo tanto, es importante analizar esta crisis sanitaria resultado de la pandemia que sufrimos, en clave de género, para salvar a más hombres y más mujeres, sin que importen sus edades.

