En lugar de estar llegando a la meta “hambre cero”, ya llegamos a la de multi-hambre. El programa hambre cero es propaganda oficialista y exaltación del asistencialismo clientelista.
Aquí hay mucha gente que no se come las tres calientes. Mucha hambre de alimentos saludables y agua potable. Hambre de viviendas habitables, de educación, salud y agua potable.
Abunda la escasez de trabajo digno y bien remunerado, y prolifera el hambre de ambiente sano y justicia ambiental. También agobia el hambre de soberanía y democracia real.
Tenemos hambre de seguridad ciudadana y de justicia frente al crimen, la corrupción y la impunidad. Hambre de justicia generada por la violencia patriarcal.
Es altísima la desnutrición de menores, de personas anémicas y seres humanos mal alimentados. Es grande el hambre por salir de la pobreza y la indigencia.
El hambre se ve en las calles, en los semáforos, en las playas, a la orilla de ríos y cañadas en bateyes y barriadas; se contabiliza en enfermedades infecciosas, niños/as famélicos y barrigones.
Impera el hambre por la igualdad en una sociedad brutalmente desigual, donde el hambre mayor es la suma de necesidades vitales, física y espirituales insatisfechas; y es enorme el hambre por conocer la verdad y alcanzar la justicia social.
Entonces, vamos a algunas de las cifras no maquilladas contenidas en uno de los estudios realizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FCES) de UASD y la Fundación Juan Bosch.
El 80 por ciento de los salarios de la clase trabajadora de República Dominicana está por debajo del valor de la canasta familiar y casi el 50 por ciento de las personas viven por debajo de la línea de la pobreza, de acuerdo a los ingresos laborales de los hogares. El déficit de viviendas supera el millón.
El ingresó laboral del sector turismo, una de las principales fuentes de ingresos de los multimillonarios, está por debajo de los niveles del año 2000 y en el año 2023, el salario en ese sector fue inferior en 35.8, al nivel registrado en el 2000; y en el sector industrial se ha incrementado en solo 15.2 contrastando con la productividad laboral.
Existe, pues, una desconexión entre el crecimiento económico y los ingresos laborales, al punto que la pobreza general medida por los salarios, afectó al 49.7 % de los hombres y el 56.8 % a las mujeres trabajadoras y sus dependientes.
La pobreza extrema, igual de alarmante, alcanza un 23.3 % en hombres y un 28% en mujeres. ¡La multihambre impera!

