El desarrollo de la ciencia y la tecnología es descomunal. Los avances científicos son de tal magnitud, que hasta el origen de la vida tiene explicación irrefutable. Ciencia y tecnología les dan respuestas a la mayoría de interrogantes que plantea la vida de las personas. Empero, a pesar de los adelantos exhibidos, el mundo es un amasijo de injusticia, inequidad y barbarie.
La tecnología está tan avanzada, que los objetos que esta construye le dan comodidad y confort a la existencia de la gente. Como verbigracia tenemos el teléfono celular, instrumento que se ha convertido en un artículo de primera necesidad, y las personas se sienten en la orfandad total si no poseen un aparato de éstos, los cuales han pasado a ser la presea idolatrada y anhelada por multitudes.
Pero como ironía de la fiebre por los celulares, está el hecho de que África, que es el continente más pobre del planeta, en donde la tercera parte de las personas subsisten con apenas un dólar con cincuenta centavos diarios, y sin embargo es la segunda región más conectada del mundo con 616 millones de seres humanos que cuentan con teléfono en mano, como si estos artefactos les sirvieran de alimento.
La tecnología ha convertido a las masas en una muchedumbre solitaria, prefiriendo éstas las innovaciones tecnológicas y las inhibiciones del calor humano, y convirtiéndose en autómatas incapaz de pensar por motu proprio (hay un supermercado en el continente asiático en donde el público haces sus compras a partir de códigos QR colocados hasta en estaciones de metro, evitándole a la gente acudir al establecimiento, y por ende interacción social).
La tecnología y la ciencia han deshumanizado al mundo, y antes que hacerlo antropocéntrico, lo ha hecho egoísta y cruel.

