Editorial

Nada ni nadie

Nada ni nadie

Venezuela y República Dominicana no deberían permitir que nada ni nadie enturbie sus históricas relaciones de hermandad y solidaridad nunca antes  diezmadas ni aun por el conflicto  derivado  del intento trujillista de magnicidio contra el presidente Rómulo Betancourt hace medio siglo.

El Gobierno dominicano  no ha sido notificado sobre el desinterés de Caracas en torno a  su deseo inicial de adquirir el 49 por ciento de las acciones de la Refinería de Petróleo (Refidomsa), pero ya el ministro  de Energía venezolano  declaró que ese negocio no conviene a los intereses de esa nación.

Tales declaraciones desataron el rumor de que el  presidente  Hugo Chávez declinó a última hora el ofrecimiento dominicano en supuesta represalia por  el reconocimiento que  su colega Leonel Fernández ofreció al mandatario Porfirio Lobo, electo en Honduras en elecciones organizadas por un régimen golpista.

Cuando se trata de preservar o fortalecer los nexos dominico-venezolanos,  esas  contradicciones resultan insignificantes, más aún si  Chávez y Fernández han dado sobradas muestras de que  han sabido manejar tales relaciones en un prístino ambiente de  respeto, cordialidad y cooperación.

El Gobierno de Chávez no  ha mostrado nunca garras imperiales en  el trato que dispensa a República Dominicana, como lo demuestra el hecho de que declinó asumir mayoría de acciones y control de Refidomsa y porque no ha  exigido sumisión diplomática ni de ninguna especie a cambio  de los beneficios de Petrocaribe.

Sin importar si Venezuela adquiere o no la porción accionaria de la Refinería, cuyo contrato final el ministro de Energía se comprometió firmar el pasado día 26, las relaciones entre Santo Domingo y Caracas deben mantenerse imperturbables, como lo ha sido desde los tiempos de Bolívar y Duarte.

  Escogido campeón

Tras 18 años de  sequía, los Leones del Escogido conquistaron anoche su decimotercer campeonato en el béisbol invernal, al derrotar a los Gigantes del Cibao en el último partido de una  reñida serie final.

Sin poder reeditar la leyenda de David y Goliat, los Gigantes francomacorisanos fueron dignos rivales que jugaron siempre con gallardía, alma y corazón, por lo que merecen particular congratulación.

Desde el primer día del torneo, los melenudos jugaron  con hambre y sed de brindar un cetro a su abnegada y sufrida fanaticada que hoy disfruta tan dilatada victoria. Los votos de felicitación van dirigidos a  los dirigentes y jugadores y a toda la grey escogidista.

El Nacional

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