Ante el unánime criterio de que la crisis financiera global ha puesto a la economía dominicana en serio peligro de colapso, lo sensato sería que el abanico político, empresarial y social, sin abdicar a posiciones divergentes, coadyuve en la tarea de levantar muro de prevención para evitar que ese río desbordado se lleve por delante el endeble ensamblaje productivo de la nación.
Empresariado y oposición política han hecho prevalecer el criterio de que la economía local no está blindada ante posibles embates de la crisis mundial, como en principio postuló el Gobierno, por lo que esos sectores han de estar concientes de la necesidad de consolidar la unidad en la diversidad para poder salir airosos ante devastadores efectos de un huracán económico de proporciones inimaginables.
Es por eso que la sociedad toda ha de recibir con buenos ojos el anuncio hecho por el presidente Leonel Fernández durante su discurso a la nación el 8 de diciembre pasado, de convocar una cumbre entre las fuerzas vivas de la nación para encarar los efectos de la crisis financiera mundial.
En medio de esa auspiciosa convocatoria a diálogo, caen como balde de agua fría delirantes y destempladas declaraciones de líderes y dirigentes de oposición, que al parecer procuran frustrar ese urgente ejercicio de interacción democrática.
Se incurre, por ejemplo, en la irracionalidad de denunciar por televisión que aquí se padece de un narco Estado dirigido desde el Palacio Nacional, un argumento necio expuesto con la burda intención de impedir el ejercicio dialogante necesario y oportuno.
La cumbre convocada por el presidente Fernández no tendría otra finalidad que la de procurar algún tipo de acuerdo en torno a medidas de política económica que ayuden a aliviar los efectos de la crisis económica que hoy abate a Estados Unidos y a los principales centros financieros del mundo.
Condicionar la participación o el respaldo a esa reunión a que se conjuren de un día para otro flagelos tan acendrados como narcotráfico y corrupción, constituye un acto de majadería política, que los colectivos partidarios deberían ser los primeros en desautorizar.
Lo que deberían reclamar las fuerzas vivas convocadas a ese encuentro es que el Gobierno cumpla con lo acordado en esa cumbre, para lo cual es menester crear mecanismo garantista de que se aplicarán al pie de la letra las iniciativas sugeridas para prevenir daños mayores a la economía a causa de la gran crisis mundial.
Es imperdonable pretender jugar a la ruleta rusa ante un problema de alcance universal, que ya ha sumido a más de medio mundo en recesión económica y ante el cual el liderazgo mundial unifica esfuerzo para evitar una catástrofe mayor. No hay, pues, espacio ni tiempo para necedades.

